LA ÚLTIMA CASA A LA IZQUIERDA

(The Last House on the Left)
USA, 1972. 91m. C.
D.: Wes Craven
I.: Sandra Cassell, Lucy Grantham, David A. Hess, Fred Lincoln
![]()
Al igual que muchas de sus compañeras de promoción (La matanza de Texas, Defensa), la historia que cuenta La última casa a la izquierda podría estar sacada de las páginas de sucesos de un periódico cualquiera (por ejemplo, el que lee el padre de familia al comienzo del film). Es un relato sucio, sórdido y violento. Y la puesta en escena de su director plasma fielmente ese ambiente sucio retratando los sucesos de manera tan distanciada como atenta a los detalles más morbosos: casi como si un videoaficionado, oculto entre las ramas y los arbustos, estuviera retratando todo con el pulso temblequeante de quien se siente repugnado ante el espectáculo que observa, pero a la vez terriblemente fascinado. Ese tono semidocumental de La última casa a la izquierda se convirtió en toda una figura de estilo del cine de terror (aunque no exclusivo) americano de los 70, convirtiendo muchas veces las propias películas en testimonios de rodajes tan o mas duros que los propios films.
Pero hay un detalle que hace que La última casa a la izquierda destaque por encima del resto. Y ese detalle es su propio director, Wes Craven. Y es que en este su debut ya aparecen muchas de las señas de identidad de la futura carrera del director de Pesadilla en Elm Street, entre las principales una cierta autoproclamación como autor: Craven, quien ejerció de profesor universitario antes de entrar en el mundo del cine, no se conforma con facturar una peli de miedo. Él utiliza el medio para hablar de cosas importantes, aunque (casi) siempre supere ampliamente las actitudes del propio Craven: ahí es nada fabricar (literalmente) una versión sexploitation de El manantial de la doncella de Ingmar Bergman para hablar acerca del lado más oscuro del ser humano: esos padres, presentados al principio del film en un ambiente familiar tan bucólico como entrañablemente ingenuo, convertidos en unos seres sedientos de sangre, de venganza, tan crueles o mas que el grupo de asesinos. Afortunadamente, la pedantería (el padre describiendo la habitación decorada especialmente para el cumpleaños de su hija como dadaista; la lesbiana asesina y su discurso sobre Freud y el psicoanálisis) es frenada por la truculencia (la castración con los dientes), por gore directo y pegajoso (el destripamiento, la mano cortada) que, en definitiva, coloca a La última casa a la izquierda en su auténtico lugar: un espectáculo morboso y deslabazado, escalofriante en ocasiones a pesar (o quizás gracias a) su torpeza, que prefiere detenerse en el bajovientre del espectador antes que llegar a su cerebro.

genree dijo
Es evidente la morbosidad y vicio que pueda presentar este filme. De hecho nos puede acercar, como bien dices, a cualquier suceso real pero en primer plano. Ahora bien, a este tipo de relatos es necesario aportar detalles para no quedarse en algo parecido a la cruda realidad, y de esta manera hacerlo fantástico. Es por eso que me encanta la escena final de los padres.
Películas parecidas en plan vengativo tipo "Thriller", otras en la misma ona "Trampa para un violador", "Violacion en el última tren" entre muchas otras.
A mi siempre me emocionará en este estilo la clásica "2000 maníacos".
bye
14 Enero 2007 | 12:36 PM