BLOOD FEAST

(Blood Feast)
USA, 1963. 67m. C.
D.: Herschell Gordon Lewis
I.: Thomas Wood, Mal Arnold, Connie Mason, Lyn Bolton
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"Legs Cut Off!" es el titular que adorna la primera plana que los asombrados y asustados ciudadanos leen al poco de empezar esta pionera obra de Herschell Gordon Lewis. Y, sin duda, es el mismo asombro que este director de culto curtido en exploitations de todo tipo quería producir en sus espectadores quienes, con ojos como platos, contemplaban el cúmulo de carnicerias que da cuerpo a Blood Feast para, al día siguiente, comentarlas en la oficina: "Legs Cut Off!" Obviamente, antes de Blood Feast ya existía la muerte violenta (e, incluso, el gore) en el cine pero sí que puede considerarse las sangrientas desventuras de Fuad Ramsés en su intento de resucitar a la diosa egipcia Isthar utilizando partes cercenadas de los cuerpos de las pobres jovencitas que caen bajo su cuchillo como uno de los primeros films que hacían de la muerte violenta (y explícita) su mensaje. En realidad, Blood Feast no se diferencia mucho de los films nudie con los que Gordon Lewis se había hecho un nombre: si en aquellos el objetivo último era mostrar los cuerpos desnudos de las actrices, aquí el objetivo también es la carne... mutilada. De esta manera, el film se compone de una serie de escenas centradas en los asesinatos de Ramsés unidas por grises y absurdas escenas de transición cuya única función es crear un engranaje narrativo (en este caso, policíaco) que justifique esas truculentas escenas.
Blood Feast nos muestra un mundo tan pequeño como ignorante del peligro que le acecha: una madre contrata a Ramsés, el asesino que tiene atemorizada a la ciudad, para que prepare una cena egipcia para celebrar el cumpleaños de su hija quien, precisamente, es estudiante de la cultura egipcia y , mira por donde, su novio es el policía que investiga los asesinatos del primero. Y nadie parece estar preparado para enfrentarse a un asesino así: ni las víctimas (la joven protagonista vive en un mundo idílico y de ensueño, puro e incorruptible: en un momento del film le confiesa a su madre que se siente culpable al sentir felicidad por su inminente cumpleaños cuando tanta gente sufre en manos del asesino), ni los policías (en el desenlace, el protagonista tiene que darle una, redundante y absurda, explicación a su jefe de como logró adivinar la identidad del criminal) ni siquiera el asesino (quien comete sus asesinatos en zonas concurridas y a la luz del día y quien encontrará su muerte de forma estúpida al huir de la policía). La irrupción de la sangre y la casquería no sólo pilló por sorpresa a los espectadores de Blood Feast sino, también, a los propios protagonistas de ésta.
