MANDERLAY

(Manderlay)
Dinamarca-Suecia-Francia-Gran Bretaña-Holanda, 2005. 139m. C.
D.: Lars Von Trier
I.: Bryce Dallas Howard, Isaach De Bankolé, Danny Glover, Willem Dafoe, Jeremy Davies
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Al igual que toda su filmografía, Dogville no era tanto una película de ficción como un ensayo fílmico, la manifestación de la imposibilidad de realizar un film de época en tiempos post-modernos. Dogville solucionaba el contraste que surge al escenificar sucesos del pasado con la tecnología del presente poniendo en evidencia el artificio de la representación: a través de una radical depuración escenográfíca que eliminaba casi todos los decorados y delimitaba los espacios a través de marcas de tiza en el suelo, Von Trier redundaba en el carácter reatral de la propuesta: en Dogville no sucedían hechos, sino que se representaban. De esta manera, los actores asumían su condición de tales: no había personajes, sino interpretaciones. Dogville diluía sus fronteras tornándose lo concreto en abstracción en un escenario que bien podía retratar tiempos pasados como reflejar la coyuntura de la época en la que había nacido.
A pesar de la expectación que suscitó su predecesora, Manderlay, la segunda parte de la proyectada trilogía americana de Von Trier (y que representa, por tanto, la "S" de USA) levantó menos entusiasmo. Es cierto que, de entrada, el factor sorpresa de aquella ha desaparecido, pero esto es un hecho inevitable, indisociable de la condición misma de secuela y que, por tanto, ha de ser aceptado incluso antes de visionar el film. Sí que se detecta en los primeros minutos una mayor obviedad en el discurso de Von Trier: más empezar el film, el padre de Grace (Willem Dafoe) le recuerda a su hija un triste suceso de la infancia de ésta. En esa anécdota queda en evidencia no sólo el objetivo que se ha impuesto el director de Los idiotas, sino también el camino que va a transitar. De igual manera, más adelante, cuando la propia Grace (Bryce Dallas Howard, en sustitución de Nicole Kidman) despierte en su interior los deseos reprimidos, se acompañarán las escenas con una música sensual de origen oriental que evidencia el carácter exótico de la pasión de Grace.
A pesar de todo, Manderlay remonta estas torpezas construyendo un film más cínico que el anterior. Von Trier evita el esquematismo fácil para construir un relato de notable ambigüedad en el que conceptos como libertad o dignidad son términos tan difusos como ambivalentes: las buenas intenciones de Grace son ahogadas por un mundo tan cruel como egoista. Manderlay no es más (ni menos) que la refutación de la hipocresía que rige cualquier intento de construcción social, y como la imposición de ésta, en nombre de un borroso estado del bienestar, puede acabar por convertir el camino hacia la dignidad personal y la convivencia en un infernal sendero en el cual los instintos más oprimidos del ser humano (la violencia y la venganza, el orgullo y los celos) florecen rompiendo las cadenas de oro que los oprime.
Manderlay acaba siendo un film más pesimista que Dogville pues si aquella finalizaba con un estallido de violencia, en forma de catártico espectáculo de plomo y sangre, aquí la realidad vuelve a reflejar su condición de mascarada compuesta de múltiples capas que la componen con un giro final que transforma el universo de Von Trier en un juego de muñecas rusas, en el cual dentro de la representación que es la propia película se escenifica otros engaños, otras actuaciones, estas de los propios personajes. Una doble negación de la realidad que deja a Grace abandonada en un mundo en el cual la verdad no es más que una ténue luz blanca acorralada por la oscuridad.

Pedro dijo
Es
Película de Manderlay la mejor película que he visto siempre. Lars Von Trier hecho un milagro como pienso y agentes jugados muy bien.
Respeto,
Freddy Crueger
20 Agosto 2007 | 05:49 PM