DEFENSA

(Deliverance)
USA, 1972. 109m. C.
D.: John Boorman
I.: Jon Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty, Ronny Cox
El famoso cartel de Defensa resume perfectamente la tensa atmósfera del mítico film de Boorman: en él vemos como un rifle sale de un lago, apuntando al vacío. En Defensa el enemigo puede estar en todas partes. Aunque el bosque donde los cuatro protagonistas van a pasar un fin de semana está en el mismo planeta que sus casas y las oficinas donde trabajan, para ellos es como estar en otra galaxia. Durante la primera media hora, Lewis (Burt Reynolds) intenta convencer a su amigo Ed (John Voight) de la necesidad de que el hombre vuelva a fortalecer sus lazos con la naturaleza. Para ellos, este fin de semana es una aventura, un juego con el que dar un toque exótico a su apretada agenda semanal. Ninguno se toma demasiado en serio ese contacto con el medio natural y sólo piensan en volver a la confortabilidad de sus hogares para disfrutar del partido del domingo. Es esa mirada a un entorno extraño, peligroso, lo que convierte los hechos que suceden en la pesadilla del hombre moderno, urbanita, y, por tanto, civilizado: un bosque se transforma en un laberinto habitado por paletos que practican la endogamia como deporte nacional y que se tratan como si fueran animales. Son seres que conocen el medio en que habitan como si fueran parte de él. De repente, las montañas, la copa de los árboles, el follaje del suelo se llenan de ojos que observan, que vigilan. John Boorman compone su odisea supervivencialista a base de amplios (y lejanos) planos, de contínuos travellings que siguen a los protagonistas, construyendo una atmósfera agobiante: todos los planos de Defensa pueden pertenecer a la mirada de alguien.
Pero ese rifle que surge del agua también informa al espectador que bajo la apariencia de lo tranquilo, de lo equilibrado, se puede esconder el peligro. A lo poco de llegar al bosque, Ed intenta cazar a un animal con su arco, pero será incapaz de arrebatar la vida a un ser vivo. Más tarde, a la hora de defender su vida, no tendrá esos mismos problemas morales. Cuando nos son presentados los personajes, Lewis aparecerá como el más experimentado de los cuatro y el más concienciado con la naturaleza, el que más está unido al paisaje que se abre ante ellos. Quizás por ello es uno de los primeros en quedar fuera de juego, por confiado, por pensar que es parte de ese entorno natural cuando en realidad sólo se ha acercado de manera superficial a él. En cambio Ed descubrirá que años de tecnología, seguridad y confortabilidad no han conseguido matar al animal que se esconde en su interior, sólo dormirlo, y cuando su vida esté en peligro, cuando la supervivencia sea lo único que importe, despertará: Ed descubrirá que puede escalar una montaña, descender unos rápidos y matar a un ser humano... y tendrá que vivir con ello.
Cuando los protagonista vuelvan a la civilización ya no serán los mismos que hace dos días. Han sobrevivido al horror del que es capaz el ser humano, horror al que ellos mismos pertenecen. Es en ese momento cuando los conflictos morales se desatan: cuando Ed tendrá que vivir aceptando la existencia de esa bestia interior que ha despertado (y los actos que ha cometido) y que le visitará todas las noches del resto de su vida en unas pesadillas que para siempre transcurrirán a ritmo de banjo.

eluyeni dijo
Mítica película realmente, Mr. Int. De cuando los dos rombos en televisión. Memorable, y muy comentable ahora que está de moda el debate suscitado por el "salvajismo" del remake de Las colinas tiene ojos (nuevamente, le insto a que abra un hilo que auguro eterno).
Por cierto, recuerdo de mis años mozos haber tenido en mis manos en el videoclub (hace un porrón de años) una "secuela" (?), "entitulada asín": Deliverance 2. Nunca llegué a verla. A mi recuerdo viene una carátula muy cutre, típica de la entonces habitual "copia peli italiana a rebufo del éxito del momento".
Salu2 :)
22 Julio 2006 | 12:57 AM