CALLES DE FUEGO

(Streets of Fire)
USA, 1984. 93m. C.
D.: Walter Hill
I.: Michael Paré, Diane Lane, Rick Moranis, Amy Madigan
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El comienzo de Interestella 5555 nos emplaza en medio de un concierto en un remoto planeta. Los asistentes acompañan con sus gritos y vítores al grupo que está tocando en el escenario, creando una comunión casi cósmica entre los integrantes del grupo y sus seguidores, que da como resultado una explosión de júbilo, una celebración del éxtasis que es al tiempo una celebración de la vida a través del movimiento, del ejercicio físico y del escapismo mental. Enseguida, unos extraños soldados raptarán al grupo y se los llevarán en sus naves espaciales, dejando abandonados a su legión de fans, irremisiblemente condenados a regresar a sus rutinarias vidas. A pesar de la lejanía temporal (y de intenciones) entre el animé producido por el dúo francés Daft Punk, basado en su segundo disco, Discovery, y la película dirigida por Walter Hill, el comienzo de Calles de fuego, en pleno concierto de la rock star Ellen Aim (Diane Lane), nos sumerge de lleno en la sensación de encontrarnos ante un planeta musical (rockero, para más señas), en el cual la música no es sólo un medio de celebración social o material de ocio, sino fuente misma de vida. Esta sensación es potenciada a lo largo del film ante la contínua presencia de la banda sonora (prácticamente no hay ninguna escena sin acompañamiento sonoro), la cual no sirve sólo para "decorar" las imágenes, sino que es el motor de éstas, marcando en numerosas veces el ritmo de los planos.
Los letreros del principio nos preparan para asistir a "Una Fábula de Rock & Roll" que transcurre en "Otra Epoca, Otro Lugar", marcando así el tono fantasioso, de cine fantástico, del que hace gala el film. Calles de fuego es un delirio cinéfilo, casi una ensoñación, con alma adolescente: el rescate de Ellen por parte de su antiguo novio, Tom Cody (Michael Paré) se convierte en una odisea romántica en la cual, como si fuese un ángel exterminador, purificará con fuego las sucias calles para rescatar el último vestigio de pureza en un mundo caótico y corrupto. Un mundo en el que se funde la estética de los 50 (esas cafeterias con sus marquesinas en las entradas; la banda rival formada por moteros enfundados en cuero; el perpetuo enfrentamiento entre los adolescentes protagonistas y la policía; la pelea final entre Raven Shaddock -Willen Dafoe- y Tom armados con unos enormes martillos, los cuales sustituyen las cadenas o las navajas de tantas peleas entre rebeldes con o sin causa) con los códigos del cine de acción de los 80 (con referencias -tanto visuales como temáticas- a films como Blade Runner o 1997, rescate en Nueva York) dando como resultado un entorno urbano atemporal, onírico, en el cual, ocultos entre las sombras de las esquinas, casi podemos vislumbrar a alguno de los miembros de la pandilla protagonista de Los amos de la noche.
Como en otras ocasiones en el cine de Walter Hill, en este escenario duro y violento sólo pueden sobrevivir los héroes duros y violentos. Héroes como Tom, cuyas estudiadas poses, dignas de pertenecer a un cómic de super-héroes, realzan su componente mítico a la vez que reflejan la profunda melancolía atrapada en su interior. De nuevo, el camino de la violencia será el medio por el cual Tom muestre sus verdaderos sentimientos, convirtiendo cada explosión en una desesperada, y sincera, declaración de amor, cuyo estruendo encubre los infructuosos gritos de ayuda de un hombre condenado a estar solo, vagando bajo una eterna noche sólo iluminada por el fuego de sus emociones.

engelson dijo
Yo quiero mencionar el peinado rockabilly de Willen Dafoe en la peli, ese magnético doble tupé que no he conseguido hacerme nunca
20 Julio 2006 | 08:23 PM