(Election)
USA, 1999. 103m. C.
D.: Alexander Payne
I.: Matthew Broderick, Reese Witherspoon, Chris Klein, Jessica Campbell
Al principio de Election el profesor Jim McAllister (Matthew Broderick) pregunta a su clase cual es la diferencia entre la ética y la moral. Poco después, un amigo suyo, que fue despedido de su cargo de docente en ese mismo instituto por enrollarse con una alumna, le hace esa misma pregunta. En su segundo largometraje Alexander Payne no pretende darnos la respuesta a tal dilema, sino mostrarnos las consecuencias que puede tener tanto el desconocimiento de esa respuesta o, quizás peor, la tergiversación de los términos.
El marco escogido es un instituto americano cualesquiera en el cual se preparan las elecciones a presidente del consejo escolar. Entre los candidatos se encuentra Tracy Flick (Reese Witherspoon), cuyo afán de autosuperación solo es superado (valga la redundancia) por su tenacidad para no detenerse ante nada, ni nadie, para conseguir sus objetivos. Prototipo de cazatiburones de Wall Street o de abogado capaz de pisar las propias leyes que defiende día a día para prosperar, el objetivo en la vida de Flick es el triunfo, una meta abstracta pero por la cual es capaz de arrasar, pisotear, su entorno más inmediato (y a los que estén en él). Bajo su aspecto de abanderada de lo políticamente correcto, de personificación de las buenas costumbres y la disciplina, se esconde una bestia hambrienta por destacar, por imponerse a los demás en lo que sea.
No mucho mejor es el personaje de su profesor Jim McAllister que observa con temor los avances de su alumna, siendo consciente de la monstruosidad capitalista a la que está predestinada a convertirse. (Auto)presentado como un hombre humilde, felizmente casado y amante de su trabajo, en realidad todo se acabará revelando como una máscara, un disfraz con el que autoconvencerse de la estabilidad de su vida. Gracias a este personaje Election no se conforma con realizar una sátira del circo de las elecciones a presidente de los USA (con sus montajes, promesas, escenografía vacua, agresividad y humillaciones varias) sino que recrea un microcosmos con el cual mostrar el juego de las apariencias, de las dobles verdades y de las mentiras piadosas, en definitiva, de la trivialidad sobre la que sostenemos nuestras futiles vidas.
Alexander Payne observa las desventuras de sus personajes sin escatimar una mirada cruel e incisiva, humillante en ocasiones, pero tratando de dotar al film de cierta objetividad al permitir a cada uno de ellos que cuente su propia versión de los hechos. Con todo, finalmente no podrá evitar mostrar sus simpatías por el personaje de Broderick, paradigma del perdedor, quien creyó tener en su mano la posiblidad de frustrar los sueños de una alumna con vocación de depredadora social, puede que en nombre de un acto moral en favor de un (hipotético) futuro mejor, puede que simplemente en un acto de venganza (de egoismo), algo que nunca reconocería, pues sería lo mismo que reconocer lo patético de su existencia.

Pos a mi la peli me gustó mucho, a parte de que me harté de reir. Es una de esas pelis simpáticas en las que, quieras que no, sientes cierta complicidad en algunos pasajes de la misma. Casi, casi como la vida misma, una comedia drama.
CIAO
Hola, INT, te hemos hecho un pequeño homenaje por tu vuelta en nuestro último post, esperamos que te guste. Está bien tener "Proyectos Estragos" de vuelta.
Un saludo Estrago.