(Class of 1984)
USA, 1982. 90m. C.
D.: Mark L. Lester
I.: Perry King, Merrie Lynn Ross, Timothy Van Patten, Roddy McDowall

Un profesor (Perry King) llega al instituto Lincoln para impartir clases de música. Inmediatamente se convertirá en la víctima de una banda de delicuentes juveniles que se dedicarán a atormentar su vida y la de quienes le rodean. Este argumento, o parecido, lo hemos visto ya varias veces y, siempre que ha sido tratado por Hollywood, ha dado como resultado películas en las cuales lo políticamente correcto se adueñaba de la función con los alumnos conflictivos integrándose finalmente en la sociedad gracias a la tenacidad de su profesor, quien conseguía despertar la inocencia que éstos tenían encerrada en su interior. También puede ser el punto de partida para una radiografía social, una denuncia del germen de la violencia entre los jóvenes, producto de un hogar disfuncional o, directamente, de la sociedad.
Afortunadamente, el film de Mark Lester abandona cualquier pretensión y se conforma con ser nada más (ni nada menos) que un buen film exploitation lleno de peleas callejeras entre bandas, drogas, violencia exagerada, sangre, desnudos, etc. Un producto tan sensacionalista como maniqueo (hasta límites reaccionarios: los "malos" van vestidos con estilo punk, además de drogarse y escuchar música heavy -la canción de los créditos es de Alice Cooper-), elementos que no han de verse negativamente, pues forman parte de la idiosincrasia del género cuyo objetivo principal es entretener (y emocionar) al espectador con unos modos tan poco sutiles como eficaces.
Y no es que Curso 1984 carezca de pinceladas críticas: a su llegada al instituto, Andrew, que así se llama el profesor, se encontrará con un edificio más parecido a una prisión (esos detectores de metales en la entrada; las cámaras de seguridad con las cuales el director vigila los pasillos desde su despacho) que a un centro de enseñanza. Más adelante, llegará a la conclusión de que el sistema educativo en particular y el policial en general resultan insuficientes para detener la violencia en las aulas e, incluso, serán usados a su favor por los delincuentes. Pero todos estos detalles no son más que el caldo de cultivo necesario para llevar al protagonista a un punto de ruptura, de no retorno, teniendo que olvidar todos sus valores cívicos, sociales y morales para poder sobrevivir.
De esta manera, Curso 1984 es un film profundamente pesimista, casi nihilista, pues, aunque Andrew logrará imponerse al acoso de los jóvenes delincuentes, habrá tenido que transformarse en uno de ellos, recurriendo a sus propias armas: el odio y la violencia. En su climax, la película abraza el género de terror, inscribiendose directamente en el (sub)género supervivencialista con el instituto transformado en un laberinto de pasillos inundados por las sombras y cuyas paredes cubiertas de grafittis lo transmuta en un entorno prehistórico, en cuyo interior un hombre lucha por su vida, reducido al instinto más primario (y oscuro) del ser humano: la venganza.