CONTACTO SANGRIENTO

(Bloodsport)
USA, 1988. 92m. C.
D.: Newt Arnold
I.: Jean-Claude Van Damme, Donald Gibb, Leah Ayres, Forest Whitaker
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Por mucho que se empeñe cierto sector de la crítica cinematográfica (y, lo que es más triste, ciertos núcleos de aficionados) en diferenciar taxativamente lo que es buen cine y lo que es mal cine, la diferencia no es tan sencilla. Como cualquier otro medio artístico (la literatura, la música, la pintura, etc.), el cine va unido a nuestra memoria sentimental, personal y colectiva. Y es que, como indiqué en una crítica ya muy lejana en este mismo blog, el hecho de que una película sea mala no significa que no pueda ser disfrutable. Para muchos críticos de cine Contacto sangriento en particular y la filmografía entera de Van Damme en general es un ejemplo de mal cine, acusado de violentista, narcisista (aquí sí hay que darles la razón) e, incluso, de racista (sic).
Contacto sangriento es un producto Cannon, y decir esto es dirigirnos directamente a la memoria de un buen número de aficionados al cine de acción más expeditivo de los 80. Como es habitual en las películas de la productora de Yoram Globus y Menahem Golan, la película dirigida por Newt Arnold se inscribe en un subgénero popular(ista) y comercial como es el cine de artes marciales, en este caso utilizando el torneo de artes marciales como centro narrativo. Contacto sangriento es un film muy pobre, tanto argumental como visualmente: sin guión ni cosa que se le parezca, más que un McGuffin para mostrar un catálogo de peleas y coreografías sólo medianamente conseguidas; y con los esfuerzos del director en mostrar las hazañas de Van Damme (y sus musculosos acompañantes) lo más espectacularmente posible, recurriendo a todos los lugares comunes habidos y por haber (la superficial historia de amor; la amistad entre dos luchadores, uno de los cuales será diezmado en pleno combate, dejando a su compañero la tarea de vengarle; el combate final en el cual el protagonista está a punto de perder, etc.).
Pero, si como vemos, los pilares sobre los que se sustenta Contacto sangriento son tan endebles, ¿qués es lo que convierte su visionado en una experiencia harto disfrutable e, incluso, emocionante? Pues, entre otras cosas, su honestidad, su falta de pretensiones, conformándose con dar al espectador sólo lo que se le promete (y, por tanto, lo que está buscando) a través de lo que podríamos llamar la puesta en escena de la ingenuidad: los artífices del film saben que su público potencial van a perdonarles los baches narrativos, los agujeros (casi negros) del guión o la deficiencia en las interpretaciones; a cambio, se les ofrece concisión narrativa (ese largo flashback en el que, de un plumazo, nos enteramos del pasado de Van Damme), humor (dos luchadores jugando a un vídeo-juego de lucha antes de su enfrentamiento), personajes carismáticos (ese Chong Li cuya maldad y falta de piedad, así como las expresiones de su rostro, lo convierten en un ser demoníaco; o el Frank Dux interpretado de manera tan entrañable como simpáticamente inocente por Van Damme, otorgándole una aureola de pureza) y, sobre todo, entretenimiento. Un producto de pura evasión, en el que adormecer las neuronas para asistir a un espectáculo puramente sensorial en el cual, repetimos, la ingenuidad, la frontalidad (de intenciones) y la emoción (así como la testosterona) son los elementos (de derribo) de cuya fusión nace la épica (viril).

Pedro José Tena dijo
Mítica. Y eso que no es de las que más me gustan de Van Damme, pero hay que reconocer que es de las indispensables de los videoclubs de finales de los 80.
Te cuento una curiosidad que no sé si sabías (es posible que sí): el primer montaje de la película por lo visto era horrible, y además tenía una banda sonora de espanto. Como Van Damme se jugaba su futuro con ella, y ante el inicial pasotismo y desconfianza de la Cannon hacia el producto, Van Damme se metió de lleno junto con un montador para rehacer la película tal y como él creeía que sería mejor (tanto para él y su lucimiento como para el público y su entretenimiento). Así que, aunque no esté acreditado como tal, el resultado final tiene mucho del propio Van Damme, y si no llega a ser por su empeño en salvar la cinta del naufragio, los de Cannon tenían pensado pasarla casi exclusivamente en Hong Kong y no distribuirla internacionalmente.
A Van Damme se le puede acusar de muchas cosas, pero en carisma y en autosuperación es de lo mejor que ha existido jamás en el cine de acción.
2 Mayo 2006 | 08:41 PM