HOSTEL

(Hostel)
USA, 2005. 95m. C.
D.: Eli Roth
I.: Jay Hernandez, Derek Richardson, Eythor Gudjonsson, Barbara Nedeljakova
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"Soy un depredador de la carne. Es la naturaleza humana" le dice un extraño personajes a los jóvenes protagonistas al comienzo de Hostel. Y aunque uno de ellos niega su condición de depredador de la carne, los acontecimientos que se sucederán a continuación le demostrarán que estaba muy equivocado y que, efectivamente, el mero hecho de ser seres humanos nos convierte en cazadores de otros seres humanos. Y es que, en definitiva, Hostel, segundo film del joven Eli Roth tras su muy estimable (y sucia) Cabin Fever, trata sobre la carne.
El turismo sexual puede ser un medio de conocimiento tan profundo como las visitas guiada a los museos. La búsqueda de placer sexual por parte de los tres adolescentes que están de viaje por Europa es un medio para conocer, para acercarse a una cultura distinta a través de sus propios integrantes. Para unos jóvenes excursionistas americanos, Europa puede ser la cuna del placer, un paraíso donde su propia condición de ciudadanos de los Estados Unidos les abran las puertas a un sinfín de estímulos sexuales. Los propios medios de comunicación como el teléfono móvil se han convertido en medios para difundir, y presumir, de las proezas amatorias. Pero, también, desde el punto de vista americano, Europa, y más en particular la zona del Este, puede ser recóndito de los más oscuros, y profundos, males. Un recóndito apartado y extraño donde se incuban (y despliegan) las más atroces pesadillas fruto de la paranoia, el temor a lo extraño, a lo diferente: es decir, la forja de las leyendas... urbanas o no. Matar a un americano sale más caro que matar a un europeo no sólo porque es el extranjero, sino por ser el invasor. Alguien quien desde la atalaya de su imperio observa (mirando hacia abajo) al mundo exterior que se despliega ante él.
La aparición de Takashi Miike es algo más que un simple cameo. Su presencia legitimiza las influencias sobre las que se sustenta Hostel pero también sirve para dirigir una mirada cómplice al público que reconoce en el director asiático la marca de un cierto exceso violentista cinematográfico. En cierto modo, Hostel no se aleja mucho de la estructura narrativa de Audition a la hora de componer un tipo de film en el cual el espectador se sienta seguro (en este caso, además, jugando con los lugares comunes del cine de adolescentes) para ir enrareciendo la atmósfera para, de improviso, con el espectador confiado, introducirle de lleno en un teatro de la crueldad.
Si los protagonistas del film buscan su afirmación personal mediante la promiscuidad acelerada, lo mismo se puede decir de los perversos millonarios que pagan para dar rienda suelta a sus sueños más húmedos... y sanguinarios. Si los primeros trocean con sus ojos la anatomía femenina, desligando un cúmulo de zonas erógenas de un todo inservible, los sanguinarios verdugos de éstos trocean miembros, sierran huesos, extraen globos oculares en un intento de alcanzar un cierto nirvana espiritual a través de la celebración de la carne (mutilada). Es por ellos que Hostel se convierte en su segunda mitad en un carrusel sin freno de atrocidades. Lo gráfico de su propuesta, su sublimación de lo explícito y de la brutalidad, el regodeo en la suciedad, en un ambiente malsano y sórdido, empapa de densidad moral las imágenes del film. Hostel es, sin duda, uno de los films más profundamente splatterpunks vistos en mucho tiempo: el horror de lo explícito como eficaz (y profunda) radiografía de los tiempos que corren.
Y, por supuesto, tras asistir a semejante celebración de barbaridad y sadismo, Hostel no podía sino concluir con una nota oscura: retomando el comienzo de esta reseña, Hostel nos demuestra que todos, hasta los vegetarianos, somos animales carnívoros, sedientos de sangre. Eli Roth termina su paseo a través del lado más oscuro del ser humano con el único final coherente posible: un final devastadoramente amoral, gozosamente anticomercial, irreverentemente políticamente incorrecto: un final en el que se une a todos, jóvenes excursionistas con millonarios sanguinarios, en un sólo (y depravado) ser: el ser humano.

Pedro José Tena dijo
Bravo, Int. Por fin soy capaz de leer una defensa de Hostel que no sea ninguna de las dos que he escrito (una en Tierra de Cinéfagos y otra en Natural High. ¿Las leíste?).
Respetando todos los gustos habidos y por haber, creo que se ha maltratado a esta película y todavía no entiendo muy bien por qué. No sé qué esperaba la gente de ella, la verdad...
19 Abril 2006 | 08:21 PM