FREEWAY

(Freeway)
USA, 1996. 110m. C.
D.: Matthew Bright
I.: Kiefer Sutherland, Reese Witherspoon, Wolfgang Bodison, Brooke Shields
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A pesar de que las imágenes que acompañan a los títulos de crédito de este arrollador debut del director Matthew Bright están ilustrados con dibujos que representan el cuento popular de Caperucita Roja y, pese a que la estructura del film juega a ser una especie de adaptación postmoderna y vagamente tarantiniana de dicho cuento, sería hacerle un flaco favor al film analizarlo desde ese punto de vista, pues dicha estructura no deja de ser, casi, una excusa, un pretexto (malintencionado, eso sí) para plasmar las auténticas intenciones del director. Pero eso no quiere decir que su valor sea anecdótico. Esos dibujos, de leve rasgo underground, muestran los encuentros entre Caperucita Roja y el Lobo, destacando los elementos sexuales contenidos, más o menos subliminalmente, en las ilustraciones. El contenido erótico marca Freeway, con ese Lobo convertido en un despiadado depredador sexual y esa Caperucita que viste minfaldas y escotadas camisetas de tirantes, usando su magnetismo sexual como medio de supervivencia.
Pero, ¿cuales son esas auténticas intenciones a las que aludíamos? Bright prepara un infernal caldo de cultivo en el cual conviven sus protagonistas, cargando las tintas en una sociedad marcada por las apariencias y los falsos comportamientos. Así, Vanessa (una inconmensurable Reese Witherspoon) es el producto de un hogar disfuncional (su madre es prostituta; su padrastro, que está en libertad condicional, abusa de Vanessa; ambos son drogadictos y tienen su "hogar" en un barrio dominado por las bandas callejeras), una persona analfabeta pero de una enorme pureza e inocencia, debido a una postura amoral ante la vida en la cual sólo importa la supervivencia. De esa manera, Vanessa resulta un ser más honesto que Bob (un lascivo Kiefer Sutherland) quien escudado en su fachada de persona tolerante, amable y buen ciudadano (de los que saludan a los vecinos y recoge los excrementos de su perro cuando lo saca a pasear), esconde un monstruoso ser, producto de esa misma sociedad, sediento de sangre, cuyo patológico frenesí sexual le lleva a no hacer asco ni a los niños ni a los cadáveres. El encuentro/enfrentamiento de estas dos criaturas les hace perder sus máscaras: Vanessa se revelará como una persona honesta y sensible, cuya amoralidad es un escudo contra el mundo; y la monstruosidad de Bob se volverá física, al transformarse su rostro en una grotesca máscara deformada.
Pero el poder subversivo de Freeway (una de las pocas películas realmente políticamente incorrectas de los últimos años) viene dado tanto por su contenido como por el continente: rodada con marcado tono independiente, con una cámara perpetuamente al hombro y subrayando los componentes más grotescos hasta rozar la autoparodia, Bright convierte el viaje de su protagonista en un recorrido a través del lado más fetichista y psicotrónico del cine americano: así, a la estructura de road movie, hay que sumarle la figura del psycho-killer (como figura cuasi-mítica del gótico americano); el humor negro y la acción salvaje (con sus paradas en el cine gore); el cine de pandillas callejeras e, incluso, el de cárceles de mujeres (con la obligatoria pelea entre féminas y las no menos obligatorias referencias lésbicas). En definitiva, todo un catálogo de las (para)filias cinematográficas de su director que es, al mismo tiempo, una enciclopedia del cinema exploitation, pero carente de banales posturas arrogantes o falsamente irónicas y repleto de mala leche y (saludable) humor corrosivo.

Rubén Losada Alvarez dijo
Freeway tiene todas las constantes del cine Indie, pero se disfruta con agrado, el director antes de Ted Bundy ya me había demostrado su toque macabro con esta particular versión del cuento de caperucita roja
19 Marzo 2006 | 05:33 PM