(Chinjeolhan geumjassi)
Corea del Sur, 2005. 112m. C.
D.: Chan-wook Park
I.: Yeong-ae Lee, Min-sik Choi, Kwang-rok Oh, Dal-soo Oh

La principal diferencia entre la Geum-ja Lee (Yeong-ae Lee) de Sympathy for Lady Vengeance y los protagonistas de los precedentes títulos que forman la trilogía de la venganza de Chan-wook Park consiste en que, en esta ocasión, ésta sí controla su destino. Si en Sympathy for Mr. Vengeance los movimientos de los personajes les asemejaba a fichas en un tablero de juego cuyas reglas eran marcadas por un implacable demiurgo y en Old Boy el protagonista era la marioneta del objeto de su venganza quien había escrito su pasado y le dictaba el presente, en Sympathy for Lady Vengeance Geum-ja Lee ritualiza cada uno de sus pasos, planeados durante los trece años que ha estado encerrada en una prisión (sólo dos menos de los que estuvo Oh Dae-su).
Esta determinación es clave para entender el film porque, en realidad, no es venganza lo que busca Geum-ja Lee. Es redención. Para ello ha de pasar su propia penitencia asumiendo la forma de mártir de la sociedad. La protagonista de Sympathy for Lady Vengeance es un ser puro que se convierte en una falsa pecadora, y será ese camino el que la transfomará en una pecadora de verdad. El camino hacia el santoral que propone Park es retorcido, en él, el ángel blanco a menudo tiene que tornar sus alas de color negro: Lee puede ser tan clemente con quienes lo necesitan como implacable con las injusticias.
En un momento dado, y refiriéndose a su planeada venganza, la protagonista dice que tiene que ser hermosa. Ese intento de sublimar un acto tan oscuro y sangriento por medio de su reformulación estética es parejo al utilizado por Park para narrarnos la historia de la protagonista. Sin lugar a dudas, Sympathy for Lady Vengeance prolonga el ejercicio esteticista, de epatante poder formalista, marcado por los anteriores trabajos del director coreano pero, en esta ocasión, no hay rastro del manierismo que ponía en peligro las propuestas de Sympathy for Mr. Vengeance u Old Boy. Si los protagonistas de ambas películas construían los cimientos de su venganza sobre las cenizas de su existencia, en esta ocasión, la protagonista sí tiene la oportunidad de reconstruir los pedazos de su vida. Quizás por ello, el trabajo de Park carece de artificio y cada decisión estética parece destinada a engrandecer (y profundizar) la odisea de su protagonista.
Pero si finalmente Geum-ja Lee descubre que no puede existir la belleza en un acto nacido de la obsesión, el odio y el resentimiento, Chan-wook Park descubrirá que a la hora de retratar el lado (más) oscuro del ser humano no hay lugar para el efectismo: en su final, Sympathy for Lady Vengeance toma el pulso a la ambigüedad moral de una sociedad dispuesta a convertirse en un monstruo con tal de satisfacer sus impulsos más oscuros. Es en este (valiente, pero también temerario) final donde Park elimina cualquier rastro de juego laberíntico y mira frontalmente los profundos surcos que abre la venganza en los que se dejan atrapar en su círculo: la protagonista descubrirá que una vez se ha cruzado al otro lado ninguna redención nos espera: sólo las tinieblas de nuestro interior en el que cualquier luz de esperanza se ha apagado. De nuevo, como ya sucedía en Old Boy, es el amor (y la entrega que conlleva) el único camino para volver a recuperar nuestra humanidad. Un amor que, en el último plano del film, ilumina y da calidez a unos personajes rodeados de la oscuridad de la noche mientras son cubiertos por la nieve.