LA GUARIDA DEL GUSANO BLANCO

(The Lair of the White Worm)
GB, 1988. 93m. C.
D.: Ken Russell
I.: Amanda Donohoe, Hugh Grant, Catherine Oxenberg, Peter Capaldi
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Que los hechos que narra La guarida del gusano blanco (lisérgica adaptación del alucinado Ken Russell de la última novela de Bram Stoker) transcurran en tierras inglesas ni es una casualidad ni de ha de tomarse a la ligera. Esa ubicación geográfica trae consigo un espíritu idiosincrático que modula el tono del film.
Todo empieza con una doméstica excavación arqueológica en la cual Angus Flint (Peter Capaldi)descubre una extraña calavera que, posteriormente, se atribuirá al gusano de D'Ampton. En una fiesta de sociedad conocerá al actual heredero Lord James D'Ampton (Hugh Grant) cuyo antepasados medievales acabaron con el gusano blanco, partiendolo por la mitad. En esa misma fiesta, Lord James explica a Angus su intención de renovación de la anual fiesta de los D'Ampton, dándole un toque moderno. Esas mismas intenciones, el choque entre tradición y modernidad es el camino elegido por el director de Tommy.
Lord D'Ampton, como todos los ricos excéntricos, se ve impelido por la aventura, por el riesgo, y su condición de heredero natural le obliga a hacerse cargo de sus responsabilidades: en este caso, acabar de nuevo con el redivido gusano blanco. En un momento dado, para sacarlo de su guarida, utilizará unos enormes altavoces colocados en el tejado de su mansión que extienden por todo el terrotorio una sensual melodía, preparada para hipnotizar serpientes. Por tanto, se utilizan herramientas modernas para combatir un mal primigenio.
Como personajes británicos que son, los protagonistas de La guarida del gusano blanco hacen gala de una flema inglesa que les hace mantener la compostura incluso ante los sucesos más extraordinarios: de esta manera, el enfrentamiento contra unas criaturas sobrenaturales y fantásticas es encarado por Lord James y sus amigos con una gran compostura, como si esos sucesos extraños no se alejaran demasiado de su vida cotidiana. Lógicamente, tanta corrección es síntoma de represión o, por lo menos, de secretos que se quieren ocultar bajo una fría apariencia: el veneno de la discípula del gusano blanco Lady Sylvia Marsh (Amanda Donohoe) convertida en una exótica, sensual pero mortal mujer-serpiente, sumerge a sus víctimas en un estado alucinatorio/onírico que les enfrenta directamente con sus deseos más reprimidos: en esos estados de inconsciencia cobra forma (imágenes) el enfrentamiento entre la mitología pagana que representa el gusano y su culto y la creencias cristianas de los protagonistas.
Es en este territorio del subconsciente donde Ken Russell despliega su delirio visual, conformando una serie de imágenes de dudoso encanto kitch, que encuentra, precisamente, en su modulación escatológica, el mejor representante de ese culto primigenio que se va extendiendo hacia la realidad. Así, a medida que la existencia del gusano blanco se va haciendo más real, más física, Russell irá contaminando el decadente y clásico ambiente inglés con el delirio y el exceso propio de su cine. De nuevo, la tradición contra la modernidad.

Pedro José Tena dijo
Recuerdo que de pequeño me entusiasmó esta película. La volví a ver hace unos cinco años, pero prácticamente no recuerdo nada.
Un día de estos tendré que recuperarla.
Gracias por recordármela.
22 Enero 2006 | 03:32 PM