INSTINTO BÁSICO

(Basic Instinct)
USA, 1992. 122m. C.
D.: Paul Verhoeven
I.: Michael Douglas, Sharon Stone, George Dzundza, Jeanne Tripplehorn
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Instinto básico convertido, casi, en un film-mito del cine americano (y, por ende, del mundial) de los años 90 muestra, pero no aclara, sus claves en su comienzo y en su final. Pero no me refiero tanto a las claves de su (hipotético) misterio, de la intriga policíaca a la que vamos a asistir, sino las claves de su propia existencia. De sus propósitos.
Al son de la suntuosa, sensual música de Jerry Goldsmith, los créditos principales se suceden ilustrados por un caleidoscopio que muestra difusas y borrosas imágenes en movimiento, difíciles de interpretar. Esta podría ser una buena metáfora visual para una historia protagonizada por personajes que intentan ocultar a cualquier precio sus más bajso instintos, su personalidad más oscura y, quizás por ello, más auténtica. Todos los personajes de Instinto básico tienen un pasado que les atormenta y que, en mayor o menor medida, les condiciona el presente. Para Nick Curran parece que ese oscuro pasado también le tiene hipotecado el futuro. El personaje interpretado por Michael Douglas refleja (a la vez que subraya) el tono del film: Nick es un buen policía pero está dominado por sus demonios internos: bebedor, violento y adicto al sexo en sus formas más extremas. O, al menos, eso es lo que le gustaría a él. De hecho, al conocer a Catherine Tramell (Sharon Stone), Nick accederá a un mundo que hasta entonces ambicionaba conocer pero del que estaba vedado. De esta manera, Instinto básico se convierte en una fantasía sexual para el protagonista (y para el espectador, ya sea hombre o mujer) quien hace realidad sus más desaforados (y oscuros) impulsos eróticos: un reino del placer en el cual lo prohibido (o lo señalado por la sociedad) impera, se hace carne, sudor y sangre.
Por tanto, la investigación policíaca no es más que una excusa para ese retrato de una secreta dimensión sexual que habita en la nuestra a la que sólo acceden los más valientes (a riesgo de perder su propia vida). En el (pen)último plano, Verhoeven cierra la escena con un fundido preparando al espectador para unos créditos finales que serán postergados. Un nuevo fundido nos devuelve a la misma escena añadiendo un movimiento de cámara que (supuestamente) nos resulve el intrincado revoltijo criminal. La escena adquiere así un elemento artifioso, de falsedad, como si el director Robocop se viera obligado a acabar dos veces su película, a ¿cerrar? una trama que, en realidad, le importa poco.
El protagonismo del hijo de Kirk Douglas emparenta a Instinto básico con otro clásico del cine tramposo, The Game, del cual casi parece un precedente: al igual que en el film dirigido por David Fincher, aquí el protagonista también se ve envuelto en un juego del que no conoce las reglas, manipulado por un demiurgo que se divierte jugando con su cobaya. Toda la investigación policial que mueve la trama está contagiada de un sentido de artificiosidad, de sinsentido, con los personajes en contínuas idas y venidas, en encuentro y desencuentros sin que la trama parezca avanzar mucho (o nada), inmersos en juego surrealista, absurdo.
Sería injusto reprocharle a Verhoeven su intención de convertir Instinto básico en un lujoso ejercicio esteticista, ampuloso de forma, pero de vacuo contenido. Pues, si a sus personajes les importa poco sus sentimientos o sus acciones (mucho menos la investigación en la que están liados) y viven en una contínua existencia sensorial, basada en (y para) satisfacer sus pasiones y sentidos, ¿por qué le iba a importar a su director? Instinto básico es un film tan vacío, absurdo y tramposo, pero tan aparente, como lo son los personajes que lo habitan.

genree dijo
Lo mejor de la peli es Sharon Stone. Me parece que si
ahora hicieran esta peli no sería ni la mitad de famosa
que es ahora.
20 Enero 2006 | 12:46 PM