(The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring)
USA-Nueva Zelanda, 2001. 171m. C.
D.: Peter Jackson
I.: Elijah Wood, Ian McKellen, Liv Tyler, Viggo Mortensen

La Comunidad del Anillo está basada en el concepto del viaje: por un lado, el viaje emprendido por los protagonistas para salvar su mundo del poder del Mal; pero también, el viaje que la propia película realiza, partiendo de la luz para acabar sumergida en la más absoluta oscuridad.
Como primera entrega de una trilogía fílmica que adapta el celebérrimo (y mítico) original literario de J.R.R. Tolkien, La Comunidad del Anillo nos presenta un universo entero que se concibió en la imaginación de su creador para expandirse en la memoria colectiva de sus seguidores. Un mundo que nos es presentado en las primeras imágenes con la forma de La Comarca de los hobbits, un lugar idílico, lleno de color y luminosidad, habitado por pacíficos seres cuyas vidas están apartadas del mundanal (y estruendoso) ruido del mundo exterior. Es importante este retrato de tan bucólico paisaje para que entendamos, por un lado, el avance de las fuerzas de la oscuridad que ponen en peligro esa forma de vida, y, por otro, sirve de contraste para magnificar la presencia (y el poder) del Mal.
En el mundo creado por Tolkien las fuerzas del Bien y del Mal libran una (desesperada) batalla, arrinconadas cada una en un extremo del mapa de la Tierra Media: no hay lugar en La Comunidad del Anillo para los tonos grises o para la ambigüedad: el Bien está formado por seres tan entrañables como generosos (los hobbits) o elegantes y hermosos (los Elfos) mientras que el Mal está personificado por criaturas repugnantes, sucias y monstruosas, como los Orcos. Es este radical contraste el que aporta al film su carácter mítico, de leyenda, al reducir los complejos engranajes que mueven nuestro mundo, convirtiéndolos en símbolos que nos sirvan de reflejo a la vez que engrandezcan, perpetúen para la posteridad nuestras existencias en un entorno mágico.
Pero tan importante como el que realizan Frodo y sus amigos, es el viaje emprendido por el director Peter Jackson para hacer físicas, palpables las descripciones de Tolkien y tridimensionalizar ese mundo creado a través de la página impresa en un megalómano esfuerzo que tiene mucho de exorcismo colectivo, pues el director de Mal gusto canaliza los deseos (pero también los temores) de la legión de seguidores de El Señor de los Anillos para, a modo de médium, plasmarlos en celuloide, combinando el espíritu de aventuras más clásico con la tecnología digital más moderna, pasando de los enfrentamientos más espectaculares a los momentos más líricos, basculando entre lo épico y lo intimista, forjando la Leyenda, perpetuando para siempre la emoción.