UN HOMBRE LOBO AMERICANO EN LONDRES

(An American Werewolf in London)
USA, 1981. 97m. C.
D.: John Landis
I.: David Naughton, Jenny Agutter, Griffin Dunne, John Woodvine
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Sería erróneo denominar este clásico moderno de John Landis como una comedia de terror. Más bien, Un hombre lobo americano en Londres es una auténtica película de terror en la cual el elemento cómico surge del contraste entre los tópicos del cine de terror tradicional y una mirada moderna a estos. Para despejar cualquier duda, la secuencia inicial es ejemplar: los dos protagonistas americanos que realizan un viaje por Inglaterra se resguardan en una posada del frío de las neblinosas colinas de Gales. Allí se burlarán de las supersticiones de los habitantes de la aldea. Ante la amenazante mirada de éstos, los dos jóvenes excursionistas abandonarán la seguridad del calor y la luz para internarse en la oscuridad. Sin duda, estamos ante una de las mejores escenas del film, en la cual Landis consigue crear una atmósfera inquietante potenciada por la desorientación de los jóvenes ante un escenario desconocido, y que finaliza con una escena de tremenda violencia.
John Landis escribió el guión de Un hombre lobo americano en Londres con 16 años. No es un dato sin importancia, porque es esa sensibilidad adolescente lo que aporta al film ese romanticismo que, inevitablemente, se torna en tragedia. En cierto modo, en ocasiones, nos encontramos ante una fantasía adolescente, que no reniega de cierto fetichismo, con el protagonista enamorándose de la enfermera que le está cuidando. David (David Naughton) está sufriendo una serie de cambios en su cuerpo que no entiende y que no parece poder controlar. Por otro lado, el sentimiento de culpa por la muerte de su amigo Jack (Griffin Dunne) bajo las garras de la bestia que les atacó a ambos le atormentan. Durante su estancia en el hospital David sufre recurrentes pesadillas de matiz surrealista en las cuales se enfrenta con la sed de sangre que se está incubando en su interior y que culminarán con la aparición del espectro de su amigo que intentará incitarle al suicidio para evitar más derramamiento de sangre, pero también para lograr la paz eterna, prisionero como está en el limbo de los muertos vivientes.
La impresionante transformación licantrópica diseñada por Rick Baker, mostrada a plena luz y con el protagonista desnudo vuelve a cuestionar los clásicos del género: aquí, la mutación resulta dolorosa: los huesos se rompen, la piel se estira, las vértebras se expanden y las largas y afiladas uñas rasgan las yemas de los dedos. Estamos, pues, muy lejos de los escalofriantes licántropos de Aullidos, pues en el film de Joe Dante éstos eran sanguinarios seres orgullosos de lo que eran. En Un hombre lobo americano en Londres la maldición afecta tanto al protagonista como a los que le rodean: todas aquellas personas que sucumben bajo sus garras incrementarán las filas de las almas en pena a la espera de la muerte del protagonista. David se enfrentará a los reproches de sus víctimas en el interior de un cine porno donde un ya cadavérico Jack sé burla de la ingenuidad de su (todavía) amigo cuando este se pregunta si son necesarias balas de plata para acabar con la maldición.
Esta escena es el prólogo a la masacre que David, una vez convertido en una terrorífica y sanguinaria criatura en cuyos ojos parece reflejarse las llamas del infierno, perpetra en pleno Piccadilly Circus, desatando una concatenación de accidentes y universalizando (e, incluso, socializando) una amenaza hasta el entonces individual (y por tanto, íntima) que encuentra su fin en un oscuro y sucio callejón en el cual la sed de sangre y el amor se enfrentan cara a cara, separados por el espacio que hay entre unos colmillos afilados y un delicado cuello que pide el cariñoso y cálido beso del amante, y cuyo resultado es un cuerpo desnudo que expira su último aliento en una tierra desconocida y, por tanto, extraña.

Snake dijo
De las mejores películas de Landis.
Durante mucho tiempo se comentó la calidad de la transformación en hombre lobo (no se si es de la época, creo que posterior, pero en la película "En Compañía de Lobos" hay una muy buena trans. tambien).
Yo le guardo un grato cariño.
Su "secuela" no la encontré mala, pero me quedaría antes con esta la verdad. ("Un Hombre lobo amerciano en París").
Por cierto, hubo mucho debate en Inglaterra sobre los improperios que se decían sobre la "reina madre", en una de las frases más cachondas de la peli. No la recuerdo muy bien la verdad :P
8 Enero 2006 | 10:35 PM