(Napoleon Dynamite)
USA, 2004. 82m. C.
D.: Jared Hess
I.: Jon Heder, Efren Ramirez, Jon Gries, Aaron Ruell

Es posible que el tener una llama como animal doméstico no sea lo más normal del mundo, pero en unas hipotéticas memorias del protagonista de esta película la normalidad sería un escueto apunte a pie de página. La presentación de Napoleon (Jon Heder) no puede ser más elocuente: un plano fijo general le muesta esperando el autobús del colegio. Parece un recortable que ha sido pegado en un escenario virtual. En todas sus acciones y movimientos Napoleon siempre parece no formar parte de su entorno, permaneciendo en un contínuo estado de extrañamiento. Estado que contagia a todos aquellos que se acercan a él. Los personajes de Napoleon Dynamite no hablan, sino que dejan escurrir las palabras con una cadencia sólo comparable a la imprevisibilidad de sus movimientos, como si tuvieran que cargar con un profundo peso existencial: el sentirse diferentes, extraños en el mundo.
El humor de Napoleon Dynamite participa de ese extrañamiento, surgiendo siempre del choque entre la esquinada personalidad de los protagonistas y las convenciones de un mundo basado en las apariencias, en la imagen. Es por ello que los gags aparecen de forma desnuda, casi siempre dentro de un plano estático. Si, por poner un ejemplo sin salirnos del (sub)género, American Pie sí hacia gala de una sofisticada construcción del gag era porque los personajes de ésta sí eran adolescentes integrados por lo cual era necesario crear disparatadas situaciones que forzaran la verosimilitud del relato. En Napoleon Dynamite los protagonistas están en contínua lucha con un mundo que les pone la zancadilla a cada paso, y cualquier movimiento, por leve que sea, es susceptible de convertirse en una situación humillante.
En su final, la película levanta sus cartas y revela sus auténticas intenciones: si los protagonistas de American Pie tenían como objetivo el reconocimiento (sexual) y el ingreso en un nuevo nivel de popularidad, Napoleon Dynamite podría subtitularse "La venganza de los nerds". El (antológico) baile final que Napoleon ejecuta delante de sus compañeros de clase y la ovación que recibe es tanto una afirmación (freak) personal como un corte de mangas a una visión de la adolescencia basada en la (superficial) integración popular a través de las (falsas) apariencias.
A pesar de su calculada arquitectura visual (a medio camino entre una visión marciana y esquinada del cine de adolescentes y las formas y el espíritu del cine "indie"), Napoleon Dynamite no busca seducir al público con argumentos estríctamente cinematográficos sino como espejo en el que una parte de ese público puede reflejarse: por ello, resulta lógico el títular el film con el nombre de su protagonista, pues él es la estrella. Su mera presencia dicta los modos y las formas de una película llamada a convertirse en un film "de culto" ipso facto, y que incluye, a modo de mitificador bonus track, su propia secuela tras los créditos.