CHAKUSHIN ARI 2

(Chakushin ari 2)
Japón, 105m. C.
D.: Renpei Tsukamoto
I.: Peter Ho, Mimura, Asaka Seto, Yu Yoshikawa
De la misma manera que Llamada perdida conseguía superar su condición de exploit de The Ring, creando su propio discurso hasta alcanzar su propia personalidad, su secuela también lograr ir un paso más allá de su condición de mera continuación de un enorme éxito en la taquilla. De hecho, durante su segunda mitad, los lazos de unión se difuminan hasta casi desaparecer y Chakushin ari 2 se convierte en una película independiente que podía haber desarrollado su propia historia sin necesidad de aludir a la película de Miike.
El guión de Minako Ooyoshi (el mismo autor del libreto del film original) parece dirigirse en esa dirección: durante su primera parte, Chakushin ari 2 sí que se muestra como lo que se supone que es: una secuela. Así, nos encontramos ante un remake de la entrega anterior, con la melodía asesina volviendo a crear estragos entre los jóvenes usuarios del móvil. Pero como secuela que es, también incorpora ideas nuevas, asociadas al avance de la tecnología de la telefonía móvil: la melodía suena más potente, con más arreglos, como si del politono de la primera parte pasáramos al sonitono; y la implantación de la vídeollamada da lugar a una de las escenas más escalofriantes: la protagonista observa a través de la pantalla de su móvil cómo una presencia se mueve detrás de su compañera y cómo acaba atrapándola. También durante esta parte se utilizan escenas sacadas de la película de Miike en un intento (por la vía fácil) de recordar al espectador el film anterior. En realidad, Ooyoshi pretende atrapar al espectador en la misma historia para, a continuación, llevarle por nuevos caminos, de lo más sugerentes. Las leyendas urbanas vuelven a hacer acto de presencia, lo cual crea un universo en el que todas las películas de fantasmas modernos (de The Ring a La maldición) estarían incluídas en un mismo discurso creativo: la materialización física de los temores colectivos del ciudadano moderno.
Pero, además, en esta ocasión, la maldición no proviene sólo de Japón: la mayor parte de la acción de esta segunda entrega transcurre en un pequeño pueblo de Taiwán, donde los protagonistas tendrán que enfrentarse a una maldición diferente: esta expansión de la imaginería de Llamada perdida es lo más interesante del film: cada país tiene su propia maldición, su propio espectro perturbado(r) con características propias (y con diferentes formas de matar, a cada cual más cruel), pero que se propaga por el mismo medio.
El director Renpei Tsukamoto carece de la fuerza y de la inventiva de Takashi Miike, de ahí que cuando intenta imitarle el resultado sea plano, casi monótono (por ejemplo, el abuso de las presencias fantasmales que se pasean fuera de la vista de los protagonistas). Curiosamente, Chakushin ari 2 se acerca más al The Ring original de lo que lo hacía el film precedente, especialmente por el origen de su fantasma, una mera variante del de Sadako (las imágenes de la niña-fantasma (y sus poderes)son intercambiables con las de Sadako). Es cuando el director fija su atención en sus personajes cuando la película adquiere voz propia: la pareja adolescente que observan como su amor es truncado por la aparición de fuerzas sobrenaturales. En este sentido, estamos ante un film más romántico que el anterior, pues será la fuerza del amor (y del sacrificio) el único medio para salvar a los malditos.
No será hasta el final donde Chakushin ari 2 volverá a remitir directamente a Llamada perdida, pero en esta ocasión, situandonos en el otro lado: así, sin que nos demos cuenta, durante la mayor parte del clímax alternaremos los dos plano de realidad: el de los humanos y el de los fantasmas. Sólo a través de las imágenes grabadas en una cámara digital descubriremos la auténtica realidad de lo que hemos estado viendo: de nuevo la tecnología abre ventanas hacia el Más Allá. Este final rompe el hermetismo con el que concluía el film de Miike para acercarnos, más que nunca, al alma de los espectros, ignorantes de su condición de tal hasta que lo único que le da sentido a su vida desaparece: si el amor es la salvación de los vivos, su carencia es la maldición de los muertos.

Pedro José Tena dijo
Esta segunda parte aún no la he visto, aunque tampoco es que me llame la atención especialmente.
Lo que te quería preguntar es, ¿en cuál de las dos entregas aparece Chiaki Kuriyama?.
Es que no la recuerdo en la primera parte (quizá no estuve muy atento o simplemente se me olvidó porque hace bastante que la vi) y tampoco la he leído en el reparto que has incluído en esta.
Gracias.
12 Diciembre 2005 | 02:06 PM