TORSO. VIOLENCIA CARNAL

(I Corpi presentano tracce di violenza carnale)
Italia, 1973. 92m. C.
D.: Sergio Martino
I.: Suzy Kendall, Tina Aumont, Luc Merenda, John Richardson
![]()
La primera secuencia de Torso. Violencia carnal parece concebida con una doble intención: por un lado, atrapar la atención del espectador de inmediato; y de paso, señalar los motivos visuales y argumentales de la película: los créditos (en notorio color amarillo) aparecen superpuestos sobre unos planos que nos muestra un sensual menage a trois entre dos mujeres y un hombre. Entre el amasijo de cuerpos desnudos se entrevé en ocasiones una fría muñeca de porcelana. La escena se desarrolla en un escenario oscuro, estando los cuerpos fuertemente iluminados con cierto tono flou, dotando de una atmósfera onírica, casi evanescente al conjunto. En ocasiones, parece que estemos contemplando una sesión de fotografía para una revista pornográfica de marcado tono esteticista. Sensación potenciada por la incorporación de planos tomados desde el objetivo de una cámara fotográfica. Por tanto, en esta inicial escena, el erotismo, el fetichismo y el voyeurismos hacen gala de presencia. Elementos que se convertirán en básicos de la trama del film. Por cierto, este prólogo también contiene la clave para resolver la identidad del misterioso asesino enmascarado. Detalle, en realidad, insignificante, pues, como todo giallo que se precie, el guión de Ernesto Gastaldi y el propio Sergio Martino está formado por una serie de pistas falsas, giros tramposos y una serie de sospechosos a los cuales la cámara incriminará lo más posible para, al final, descubrir que el auténtico criminal es quien menos nos esperábamos (por pura lógica, más que nada). Y, por supuesto, lleno de asesinatos.
Torso. Violencia carnal hace gala de una atmósfera fuertemente sexualizada, en la cual cada gesto, cada movimiento o cada palabra de sus hermosas protagonistas parece una declaración erótica. La cámara se recrea en los cuerpos medio desnudos de éstas, siempre amparada por la escasez de la ropa, la cual más que cubrir, parece contornear, ensalzar las turgentes curvas de sus exuberantes propietarias. Éstas, por otro lado, son mujeres dispuestas a disfrutar de su libertad sexual. Torso. Violencia carnal es un film acerca de la belleza, pero también acerca de la libertad y de un cierto hedonismo vital asociado a la juventud (a destacar un fiesta hippie regada de sexo, rock psicodélico y drogas). En este contexto, el asesino (que cubre su rostro con un pasamontañas) actúa como fuerza represora de esa libertad sexual: todos sus crímenes están rodeados de cierta ritualidad asociada a un trauma: sus víctimas siempre son hermosas chicas que son estranguladas con un pañuelo de seda (de nuevo el fetichismo). Una vez muertas, desnuda el cuerpo y tras acariciarlo lascivamente, lo abre en canal con una cuchilla: un acto que evidencia la contradicción que mueve las sangrientas acciones del psicópata: por un lado, se siente atraído por la voluptuosidad de la figura femenina, y es esa atracción la que le impulsa a destruirla, para acabar con esa excitación que le atormenta.
En su tramo final, las cuatro protagonistas de la película se recluyen en una mansión aislada en el campo, para huir de la sobrecogedora cadena de crímenes que ha acabado con sus amigas. En realidad, parece que estemos ante la escenificación de una fantasía sexual del psicópata: ahí están esas secuencias de relación lésbica entre dos de las amigas, las cuales, por supuesto, son espiadas por uno de los habitantes del pueblo; tampoco falta el lago anexo a la casa, donde éstas puedan bañarse desnudas; o las chicas tumbadas en la hierba, poniendo a merced del sol su suave y aterciopelada piel. Pero este escenario también le sirve al director como claustrofóbico clímax: cuando, al final, el asesino haya acabado con todas sus amigas, la superviviente se encontrará encerrada en la mansión, jugando al juego del ratón y el gato para que su presencia no sea descubierta (y que parece u n precedente del extraordinario comienzo de la, no obstante, fallida Alta tensión). También le sirve a Sergio Martino para crear la mejor escena de la película: la protagonista, escondida, contempla, horrorizada y sin poder moverse a riesgo de ser descubierta, como el asesino descuartiza a sus amigas con una sierra.

wuming dijo
Vaya, parece una + q interesante pelicula.
Intentare conseguirla para verla, aunque parece un poco dificil, con los giallos siempre me pasa que menos 3 o 4 de Argento, el resto no se donde conseguirlos.
Bueno, enhorabuena x el blog, :P
8 Diciembre 2005 | 08:44 PM