ESPECIAL PLANETA MIIKE 08: LLAMADA PERDIDA

(Chakushin ari)
Japón, 2003. 112m. C.
D.: Takashi Miike
I.: Kou Shibasaki, Shin'ichi Tsutsumi, Kazue Fukiishi, Renji Ishibashi
El estreno de The Ring (El círculo) no sólo consolidó una serie de códigos visuales (espectro femenino de larga melena y con camisón blanco; terror producido por una atmósfera malsana, inquietante, más que por los golpes de efecto al uso) sino también una serie de motivos argumentales, conceptuales: tanto la propia película de Nakata, como La maldición, Dark Water o Kairo son reflexiones (más profundas de lo que en un principio pueda parecer) sobre el apocalipsis anímico del urbanita moderno. Todas ellas retratan la ciudad como un laberinto postindustrial, compuesto de enormes edificios que parecen vigilar a sus habitantes, los cuales viven en una especie de burbuja personal, incapaces de establecer la más mínima comunicación con sus semejantes. En este sentido, el horror, los fantasmas, serían una metáfora de un aislamiento que ha tomado forma y del que no es posible escapar.
En una de las mejores secuencias de Llamada perdida, una de las jovencitas a las que ha sido pronosticada su muerte se encuentra en un programa de televisión donde intentan exorcizar la maldición. Ella está rodeada de gente (además de las miles de personas que están siguiendo la retransmisión en directo a través de la televisión), aún así se siente sola ("Estoy completamente sola", llega a oirse en off). El terror de Llamada perdida es completamente personal e intransferible. Al igual que ocurría en The Ring (El círculo) los protagonistas tienen un primer conocimiento de los hechos a través de las leyendas urbanas popularizadas por los estudiantes (en este caso, la víctima recibe una llamada del futuro en la que se oye a sí misma instantes antes de morir). Por tanto, es rumorología popular a la que no se da demasiada credibilidad hasta que te toca. Es por ello que en Llamada perdida Miike divide la película en dos parte, una contada en tercera persona y la última parte, en primera.
Partiendo del protagonismo de Yumi Nakamura (Kou Shibasaki), durante la mencionada primera parte, ésta contempla como todos sus amigos van pereciendo de manera horrible en una serie de circunstancias tan misteriosas como incomprensibles. Durante esta parte predomina la sensación de impotencia, pues por mucho que lo intenta, Yumi es incapaz de salvar a sus amigos. Pero a la vez, es superada por unos sucesos a los cuales no encuentra explicación y que, además, parecen actuar con una arbitrariedad casi cósmica. Durante esta parte, en la que el horror se ve desde fuera, los fantasmas no son visibles: ahí está la muerte del personaje interpretado por Atsushi Ida llamado Kenji Kawai (un bonito detalle hacia el compositor fetiche de Nakata y autor de las bandas sonoras de The Ring (El círculo), Ringu 2 y Dark Water, entre otras), donde "algo" invisible le agarra. Será a través del móvil y la televisión por donde los espectros se mostrarán a ojos de las personas. Dos sistemas de comunicación que parecen estar conectados con otro plano de la realidad, integrado en el nuestro, pero del que no nos percatamos. El que dos medios que el ser humano utiliza para comunicarse entre sí sean utilizados como vía conductora por los espectros dota al film de una atmósfera devastadora, de indefensión total.
Tras la escalofriante secuencia del programa de televisión (en la cual la amiga de Yumi perece de manera extremadamente cruel), la protagonista recibe la llamada maldita. A partir de ese momento, Yumi, y con ella el espectador, abren los ojos, pudiendo ya no sólo sentir el horror, sino pudiendolo ver. Es cuando Llamada perdida se convierte en una película de terror: los espectros pueden manifestarse en cualquier momento, y su presencia parece contínua, sin que ninguna barrera les pueda detener. Pero ante todo estamos ante un miedo metafísico, producto de la indefensión en la que se encuentra Yumi (son abundantes las escenas en las cuales se derrumba con el rostro bañado en lágrimas, vencida por un virus del que no existe posibilidad de cura; en una secuencia del final, su compañero Hiroshi (Shin'ichi Tsutsumi) golpea con rabia un teléfono contra una mesa, gritando desesperadamente, producto de la frustración), abocada a un aciago destino del que no se puede escapar, pero que tampoco se comprende: los personajes saben que van a morir, y ni siquieran conocen el por qué (ni por quién).
Decíamos que, durante la primera parte, los espectros eran visualizados a través de la televisión (concretamente una cámara). El propio cine es un medio de comunicación, y por tanto, sensible a esa dimensión del Mal. Por ello, a lo largo del metraje, cada vez que el horror se hace presente, éste altera la puesta en escena de Miike. Durante la mayor parte de la película, el director de Ichi the Killer planifica de manera sobria, casi austera, con suaves movimientos de cámara, centrado en los movimientos de los personajes y en el escenario que les rodea. Pero en cuanto el mal hace acto de presencia, los planos empiezan a temblar, la imagen se difumina, y el montaje se vuelve sincopado, epiléptico. A medida que avanza el metraje, la presunta linealidad inicial (casi un bodycount sobrenatural) se va rompiendo: el presente y el pasado se unen, las identidades se confunden hasta finalmente fundirse, los vivos cada vez se parecen más a los muertos y viceversa: en realidad, ambos buscan un mismo objetivo: el afecto de los demás, ser queridos, en suma, darle un sentido a su vida, a su existencia.

Chico Viejo dijo
Estaba echando de menos el especial del maestro Miike!
Veo que coincidimos en valorar esta obra de "terror" (entre comillas). Mucha gente no la entendió y creo que se debe a la campaña de promoción que se hizo, vendiéndola como la nueva entrega de película de miedo oriental, otra "nueva maldición". Con más profundidad sentimental y un argumento menos directo, la propuesta de Miike sólo coincidía en las escenas de terror con féminas de largo pelo negro, en la, por otra parte, habitual investigación del misterio por parte de la pareja protagonista y en el peligro "final" de ser atacados. Quizá ya es bastante para asemejarlas, pero realmente creo que es sólo la superficie. Sí que tiene mucho más parecido con la original (por lo que vino luego) The Ring. En ambas se usa el recurso del terror para hablar de mucho más. Se habla de familias disfuncionales (por otra parte, habitual en el cine de Miike), de venganzas basadas en la falta de afecto y el rencor hacia seres queridos, de incomprensión, etc.
No llega a ser una magnífica película, en mi opinión, por su inicio tópico y por su indefinición temática; pero es una propuesta muy interesante y recomendable.
Como es habitual, Miike nos deja una conclusión bastante ambigüa, a priori, y poca gente se ha puesto de acuerdo... ¿comentamos aquí el final, con aviso de SPOILERS?
Saludos, Intelectualísimo!
8 Diciembre 2005 | 03:51 PM