PESADILLA EN ELM STREET 3

(A Nightmare On Elm Street 3: Dream Warriors)
USA, 1987. 96m. C.
D.: Chuck Russell
I.: Heather Langenkamp, Craig Wasson, Patricia Arquette, Robert Englund
No resulta exagerado considerar esta tercera entrega de la saga protagonizada por el asesino onírico la más importante de la serie, incluso, me atrevería a decir, por delante de la cinta inaugural de Wes Craven. Por supuesto, nadie quiere quitarle méritos a la primera película, pero es muy posible que sin el cambio de rumbo emprendido por esta tercera parte la saga hubiera entrado en un estancamiento homologable al de sus compañeras de viaje (léase las respectivas series protagonizadas por Michael Myers y Jason Voorhes). La mayor novedad de Pesadilla en Elm Street 3 consiste en transformar el tono de la serie, prácticamente mutar de género, alejándose del horror para acercarse a la Dark Fantasy (de hecho, uno de los personajes es aficionado a los juegos de rol). De esta manera, se potencia las escenas oníricas, explotando el componente irreal y surreal de las pesadillas, echando mano de todas las licencias que permite el pisar el terreno de los sueños: aquí Freddy adquiere más protagonismo que nunca, siendo cada una de sus apariciones todo un recital de poder y carisma, demostrando ser el Dios Absoluto de su Universo (como ya confesaba a Tina en Pesdilla en Elm Street): ahí tenemos ese recital de transformismo, con Freddy convirtiendose en serpiente, aparato de televisor o, incluso, de turgente enfermera, surgida de los más húmedos sueños (concepto, por cierto, que se repetirá en la siguiente entrega, ya direcamente con una playmate); y sustituyendo el cavernoso humor negro por una socarronería compuesta de one-liners, siempre punteando cada aparición. Los sueños se convierten en auténticos tour de forces de imaginación, fantasía y horror (inolvidable la pesadilla que abre la película: un auténtico carrusel del terror, con Kristen huyendo a través de un sin fin de oscuros y tétricos pasillos, con el suelo transformandose en arenas movedizas, para acabar llegando al purgatorio de las almas en pena: una habitación llena de cadáveres ahorcados, a modo de macabros trofeos). Por supuesto, todo ello supone un mayor protagonismo de los efectos especiales, los cuales a partir de esta entrega, cada vez serán más espectaculares (aquí tenemos desde la utilización de animatronics a la pantalla azul, efectos de maquillaje y stop-motion). Justo es reconocer, llegados a este punto, el mérito de la por entonces pequeña productora New Line (hoy todopoderosa productora de, por ejemplo, la elefantiásica El Señor de los Anillos), incrementando el presupuesto en cada entrega, permitiendo una mayor espectacularidad y sofisticación (todo lo contrario, de nuevo, que en las sagas de Halloween y Viernes 13).
Con motivo del estreno en España de La nueva pesadilla de Wes Craven, un grupo de "Freddymaníacos" fueron encuestados sobre sus entregas favoritas. Hubo todo tipo de respuestas, claro, pero, sobre todo, una que destacó por mayoría absoluta sobre el resto de preferencias: "la uno y la tres". Como ya comentábamos al principio de la reseña de Pesadilla en Elm Streer 2. La venganza de Freddy, muchos aficionados consideran la tercera parte como la auténtica secuela del film original. Y, sin menospreciar la interesante aportación de Sholder, en cierta manera, tienen razón. Razón subrayada, además, con el regreso del propio Wes Craven, participando como productor y co-guionista, pero tambien al retomar los personajes de Nancy y su padre (de nuevo interpretados por Heather Langenkamp y John Saxon), desarrollando, por tanto, una continuidad directa con lo narrado en la primera entrega. Si la entrega anterior parecía casi un spin-off, una aventura alternativa, en esta, como manda toda secuela que se precie, se desarrollarán los personajes presentados en el film original: una de las mayores aportaciones consiste en desvelarnos el origen de Freddy, toda una retorcida historia que pretende potenciar la figura demoníaca de Krueger. También es importante la transformación de la casa de Nancy en materia iconográfica de las pesadillas: un caserón abandonado y en ruinas, convertido en la casa de Freddy: todo un paisaje recurrente para la saga, y que conecta a ésta con el sub-género de los caserones encantados (la presencia del fantasma de la madre de Krueger y la utilización de imaginería religiosa en contra de Freddy, conectan a tan moderno personaje con cierto clasicismo del cine de terror).
Pero quizás lo más sorprendente, paradójico, de Pesadilla en Elm Street 3, sea que a la vez que supone ese acercamiento al cine fantástico, e incluso, a cierta concepción mainstream del personaje (la figura de Freedy Krueger como héroe adolescente nace aquí), la película dirigida por Chuck Russell (y en cuyo guión participó Frank Darabont, el después director de la, entre otras, afamada Cadena perpetua) sea la más salvaje y extrema hasta el momento: esa fractura generacional, tema vertebrador de la serie, se radicaliza aquí más que nunca: la acción tiene como escenario un hospital compuesto por adolescentes con tendencias suicidas. En realidad, ninguno de ellos ha intentado quitarse la vida, sino que ha sido Krueger. Los adultos no sólo no sirven de ayuda, de salvación, sino que incrementan el estado de peligro de los jóvenes (la doctora Simms, escéptica ante las peticiones de ayuda de sus jóvenes pacientes, reacia a creer sus fantasías; o la madre de Kristen, para quien los problemas de su hija sólo son una forma de llamar la atención). Ante este panorama desolador, los adolescentes se encuentran más solos que nunca, teniéndose únicamente los unos a los otros como apoyo (a la hora de dormir, se relevan en turnos de vigilia, para despestar al compañero dormido ante los primeros indicios de pesadilla). La llegada de Kristen (Patricia Arquette), con su poder para introducir a varias personas en un mismo sueño, traerá algo de esperanza al grupo, descubriendo su habilidad para utilizar la materia moldeable de los sueños para hacer "realidad" aquello que más desean. Pero en sus pesadillas están solos, enfrentándose directamente a sus peores miedos. Krueger escenifica los más recónditos temores de sus víctimas, utilizándolos para romper la confianza de los chicos, enfrentándolos a la más cruda realidad de su vida (a lo que son o en lo que temen convertirse). De esta manera, como decíamos, nos encontramos con algunas de las pesadillas más salvajes vistas hasta el momento (Joey convertido en marioneta, con sus venas a modo de sangrientos hilos; en su enfrentamiento con Taryn, Krueger transforma sus dedos en jeringuillas, dispuesto a embarcar a la joven en un "viaje" sin retorno -a destacar el perturbador plano de las heridas de Taryn abriéndose y cerrándose, como obscenas bocas pidiendo alimento). Este grafismo tiene su culmen en la escena en la cual Krueger muestra su pecho desnudo, convertido en una prisión cárnica de las almas que ha ido arrebatando, condenadas para siempre.
En una de las mejores escenas de la película, Kristen sufre un deja vu onírico, volviendo a repetir la misma escena con la que comenzaba la película, con su madre acostándola y recriminándole que se quede despierta tan tarde. En ese momento, aparece Freddy vestido con un elegante esmoquin. Robert Englud debía tener claro que, en la siguiente entrega, ya sería la estrella principal.

genree dijo
Buff !!! Sí señor, que manera de pasar del terror a un
tipo de aventura fantástica y estremecedora. Nadie
esperaba este juego. Es genial e impresionante.
Sólo empezar ya nos muestran el hospital psiquiátrico, con lo que ya se ve venir. Nos presentan unos personajes bastante dispares para darle más salsa:
el "negro" cachas, la punki, el sordo, el primo....
cada uno utiliza su fantasía para vencer al monstruo de
Freddy. Uno ya sabe que lo tendrán difícil. Muy buenos
efectos y esenas para la memoria:
Freddy con los dedos convertidos en inyecciones.
Por cierto me encanta el póster.
3 Diciembre 2005 | 01:21 PM