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La Coctelera

PROYECTO ESTRAGOS

por INTELECTUALGORE

29 Noviembre 2005

EL SABOR DE LA SANDÍA

(Tian bian yi duo yun)
Taiwán-Francia, 2005. 114m. C.
D.: Ming-liang Tsai
I.: Kang-sheng Lee, Shiang-chyi Chen, Yi-Ching Lu, Kuei-Mei Yang

El primer plano de esta película dirigida y escrita por Ming-liang Tsai nos muestra un pasillo. Dos mujeres se entrecuzan (una de ellas portando una sandía entre sus brazos) sin dirigirse la palabra. Sin ni siquiera mirarse. A continuación vemos a la mujer que llevaba la sandía tumbada en una cama, desnuda, con la fruta abierta entre sus piernas, mientras un hombre acaricia la sandía, sensualmente primero, de manera impulsiva después, provocando gemidos de placer en la mujer. La figura de la sandía sirve en esta escena tanto de poética metáfora como de gráfica exposición. Por un lado, cubre los genitales de la mujer, pero por otro, parece sustituirlos. De esta manera, El sabor de la sandía evita caer en el territorio del cine pornográfico para crear nueva variante personal de ese territorio. En este comienzo está comprimido todo el sentido de la película. Más adelante nos enteraremos de la falsedad de esa secuencia sexual, pues forma parte de una película porno que se está rodando de presupuesto amateur (en todos los sentidos): es, por tanto, un artificio, en el que los sentimientos y el deseo son sustituidos por la mecanizidad y el ensayo.
El sabor de la sandía es una historia de amor en un ambiente apocalíptico. En un noticiario de televisión se nos informa de la alarmante sequía que asola el país. Los grifos de los hogares están la mayor parte del tiempo secos. La protagonista de la película (la chica del pasillo que no llevaba la sandía) tiene la nevera llena de botellas de agua y bebe incansablemente zumo de sandía. Por tanto, la sandía también aparece como suministradora de agua, del líquido de la vida (al igual que el acto sexual también es el primer paso para la propagación de la existencia).
Pero este apocalipsis físico conlleva uno emocional. Los personajes están contaminados por la incomunicación, por el aislamiento. Deambulan, casi vagabundean por escenarios solitarios, desoladoramente vacíos, sin aparente rumbo fijo (en ocasiones, parece que la pareja protagonistas son el último hombre y la última mujer que queda en la tierra). La relación de los dos protagonistas está basada en los actos cotidianos (preparar una comida, intentar abrir una maleta, compartir un cigarrillo) desprovisto de pasión, pero conteniendo un torrente de sensualidad, de intenciones, de deseo mitigado, encerrado por una coraza de hielo. El sabor de la sandía es un film construido sobre la frialdad, casi gélido: compuesto de estáticos planos secuencia, que dilatan un tiempo desperdiciado, con los protagonistas perdidos en su propia existencia. Carente de movimiento y de sonido (estamos casi ante un film mudo), en el cual la no acción de los personajes resulta más reveladora que cualquier intención.
Los sentimientos, la carnalidad, parecen haber sido relegados al marco de la ficción. Las escenas en las cuales asistimos al rodaje del film porno contrastan con su exaltación de la pasión física con el distanciamiento emocional de los protagonistas. de hecho, el hombre es el protagonista de la película pornográfica, por tanto, éste sólo parece capaz de dar rienda suelta a su deseo en un marco de ficción, el cual, por definición, anula la sinceridad de sus actos. La película está punteada por una serie de secuencias musicales, que reproducen los códigos del cine musical. Estas secuencias invierten el tono general del film, con su alegre y desbordante tono kitch, pletóricas de color, con una cámara que, por fin, es libre para moverse. Estos momentos, los únicos con música, confiesan las sensaciones de los protagonistas, aquello que les gustaría gritar, pregonar, pero que son incapaces, y que sólo en su mente, es decir, de nuevo, en la ficción, pueden admitir, sublimado, además, por la fantasía.
En su final El sabor de la sandía cierra el círculo abierto por el comienzo del film, con el reencuentro de las dos mujeres del principio, de nuevo incomunicadas. Es en este final cuando por fin la pareja protagonista consiguen comunicarse sus respectivos deseos, pero la única manera de hacerlo es a través de la artificiosidad. Sólo con la barrera que separa realidad y ficción son capaces de expresar sus sentimientos. El brutal plano final, de una emotividad y carnalidad impresionantes, resulta, en cambio, desolador: sólo a través de la representación, escudados tras la ficción, podemos mostrar nuestro interior, conectar con los demás. En este sentido, todo el desarrollo de El sabor de la sandía es un recorrido hacia la creación de una lágrima: el despertar de la sensibilidad.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

wuming

wuming dijo

Solo he visto "Hole" de este director, pero he de decir que me gusta. LA pelicula me parecio sumamente original, enfermiza, y los números músicales...indescriptibles.

8 Diciembre 2005 | 08:47 PM

Rubén Losada

Rubén Losada dijo

A mi me pareció una película echa para el escandalo barato y igual que algunas obras de oriente son muy buenas otras pecan de excéntricas y estúpidas como esta.

12 Enero 2007 | 02:58 AM

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