EL EFECTO MARIPOSA

(The Butterfly Effect)
USA, 2004. 113m. C.
D.: Eric Bress, J. Mackye Gruber
I.: Ashton Kutcher, Melora Walters, Amy Smart, Elden Henson
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Si tuviésemos que buscarle una moraleja al visionado de El efecto mariposa no lo tendríamos muy difícil: en una escena, el padre del protagonista le dice que no se puede jugar a ser Dios sin arruinar no sólo su vida, sino la de todos los que le rodean; hacia el final, el propio protagonista parece haber aprendido la lección y, como él mismo dice, ha encontrado su propia identidad. Estos dos ejemplos dejan claro que los directores no parecen haber querido arriesgarse mucho y quieren dejar bien claro al espectador cuales son sus intenciones, lo que nos han querido contar con su película. Esta posición resulta bastante reveladora de cara al desarrollo del film, más cuando éste trata de viajes temporales, con todo lo que conlleva de paradojas temporales, realidades paralelas, confusión de identidades, etc. Todo un alambicado laberinto espacio-temporal en el que los directores no han querido aventurarse, no vaya a ser que se vayan a perder, y con ellos los espectadores. Así pues, a lo largo del film, el público de El efecto mariposa siempre sabe donde está, siguiendo el itinerario del protagonista casi como si tuviera un mapa interdimensional.
Esto resulta especialmente decepcionante teniendo en cuenta el interesante planteamiento de partida, pues la capacidad de Evan (Ashton Kutcher) para retroceder en el tiempo es producto de una enfermedad mental por la cual desde pequeño sufre esporádicas pérdidas de memoria de momentos concretos de su vida. Al recordar esos momentos, Evan puede volver a vivirlos, y modificarlos a su gusto, como si al no haberlos disfrutado en su momento, los hubiera almacenado en su memoria para retomarlos a conveniencia. Por tanto, aquí no nos encontramos ante DeLoreans tuneados ni cápsulas construidas de acabado victoriano, sino ante una habilidad producto de un daño cerebral, lo cual emparenta al protagonista con el Johnny Smith de La zona muerta. Si en la novela de Stephen King se apuntaba la posibilidad de que las visiones del protagonista fueran causadas por un tumor cerebral, permitiéndole ver el futuro, aquí el resultado es lo contrario, poder retomar el pasado. No es este el único detalle que recuerda a Stephen King. La primera parte del film, la que retrata la infancia del protagonista puede traer a la memoria del espectador los jóvenes protagonistas de It (Eso), quienes también tenían que enfrentarse a las palizas de psicópatas adolescentes, abusos paternos (de cualquier tipo), y todo contado con el mismo tremendismo habitual en las páginas del escritor de Maine.
Con todo, este comienzo es lo mejor del film, sobre todo, por la relación que se establece entre el protagonista y su amiga Kayleigh y que tiene como resultado algunos de los mejores planos del film: ese bonito gesto de Evan cuando tapa los oidos de su amiga para que no se los dañe la explsión del cartucho de dinamita que han depositado en un buzón. Las contínuas fugas de memoria también proporciona a la historia de cierto misterio, el cual desaparece en cuanto el protagonista hace uso de sus poderes. A partir de ese momento, El efecto mariposa se convierte en un encadenado de paradojas temporales por las cuales cada vez que el protagonista intenta arreglar las cosas, las acaba estropeando más. Los directores parecen tener como único horizonte rizar el rizo con los arbitarios giros que se esconden a cada vuelta al presente, convirtiendo el film en una mecánica y cansina serie de predecibles vueltas de tuerca cuyo único propósito es sorprender al espectador, mantenerle en vilo a la espera del próximo enredo, a costa incluso de caer en varias incongruencias y contradicciones.
No carece con todo de alguna idea visual destacada: al volver de su primer viaje al pasado Evan se encuentra con una vida perfecta, al lado de su amiga ahora convertida en novia. Estas escenas están fotografiadas con colores resaltados y brillantes, especialmente con predominio del tono pastel, que contrasta con el apagado cromatismo usado hasta entonces, destacando por un lado la felicidad del protagonista, pero también resaltando la artificiosidad de una vida prefabricada. Un pequeño destello, insuficiente para una película que se acaba convirtiendo en un mero juego a medio camino entre un episodio de Twilight Zone y el moderno cine de terror adolescente.

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Hola, indudablemente haz tocado todos los puntos malos que existen de la películas, resaltando en esta misma solo el inicio, por que de ahí en adelante uno se pierde entre que el personaje es una especie de superman espacio-temporal donde al final no le queda mas remedio que saber que esta loco y tiene que suicidarse... en el vientre materno... puede haber algo mas irreal que esto?. Vamos el cine no es de contar cosas irreales sino de hacer de lo real una ficción q no necesariamente es irreal. Difícil de explicar.
En fin siento que esta película fue vendida como Ashton Kutcher y ya.
21 Noviembre 2005 | 04:33 AM