STRAY DOG: KERBEROS PANZER COPS

(Jigoku no banken: kerubersu)
Japón, 1991. 97m. C.
D.: Mamoru Oshii
I.: Shigeru Chiba, Yoshikazu Fujiki, Takashi Matsuyama, Eaching Sue
Para empezar, un aviso: el título aquí reseñado es una secuela/conpendio del film de Mamoru Oshii Red Spectacles, de 1987, película que no he tenido la oportunidad de visionar. Por tanto, el análisis que viene a continuación está basado únicamente en las imágenes de Stray Dogs: Kerberos Panzer Cops, con lo que eso conlleva de posibles errores a la hora de interpretar determinados detalles del film.
Mamoru Oshii es conocido en nuestro país por ser el director del célebre animé Ghost in the Shell. Seguramente, todo aquél que se acerque a la película aquí reseñada teniendo como única referencia la adaptación del manga de Masamune Shirow se lleve una sorpresa, muy posiblemente teñida de decepción, ante el tono sosegado y contemplativo del film, ante el lento transcurrir de sus imágenes. Pero Oshii no parece estar dispuesto a engañar a sus espectadores y ya en la primera secuencia deja entrever la perspectiva interiorista que adquirirá el film: nos encontramos metidos en un conflicto armado en el que está involucrado la fuerza policial especial Panzer Cops, formada por combatientes enfundados en unas oscuras armaduras que les convierte en guerreros cibernéticos. Pero no asistimos a ningún tiroteo ni ataque, sino más bien parece que estamos ante la resaca del combate: uno de los combatientes, Inue, tiene la mirada perdida, y en su rostro se refleja el cansancio, no sólo físico, sino sobre todo psicológico. La cámara de Oshii realiza un lento recorrido por el pasillo del cuartel donde aguardan el resto del grupo. Es un movimiento que aúna decaimiento con desesperación.
La acción de Stray Dogs: Kerberos Panzer Cops no transcurre durante ese conflicto armado, sino en el después: Inue tiene un sólo objetivo en su mente: buscar a su jefe de combate, Koichi, quien le abandonó durante el combate, para vengarse por la traición. La primera mitad de la película refleja el viaje que realiza junto con la compañera de Koichi. En este viaje recorren varias poblaciones, alejándose gradualmente del entorno urbano. A lo largo del metraje se cuentan diversas historias protagonizadas por perros y los amos de éstos. Inue era un hombre que fue entrenado para comportarse como un perro, es decir, para seguir las órdenes de un amo. Al ser abandonado por su amo, se siente perdido. Este viaje le sirve de contacto con un entorno del que se siente ajeno. En ese tramo del viaje no es tan importante el objeto de la búsqueda como el recorrido en sí. Oshii imprime a las imágenes una cadencia no exenta de melancolía permitiéndonos compartir el punto de vista del protagonista, que va descubriendo un nuevo mundo de manera pausada.
El encuentro con Koichi detiene el viaje. En ese momento Inue se da cuenta que sus motivaciones no son tanto la venganza como la búsqueda de respuestas: la respuesta a ese abandono por parte de su amo. Koichi volverá a convertirse en su jefe, pero en esta ocasión, para devolverlo a su estado humano: de ahí que Oshii pueda realizar un plano secuencia de varios minutos con los protagonistas comiendo en plano fijo, pues muestra a Inue en su conversión. Esta parte de la película es la que más se acerca en estética y contenidos al estilo manga/animé que tiene Oshii del cine: en ocasiones, los personajes permanecen estáticos, como si estuvieran encerrados en una viñeta; los personajes pueden pasar de ese estatismo a la euforia de un mismo plano. Esta parte de la película está recorrida por una carga de humor en su sentido más infantil, basado en el gag visual, puro, motivado por el comportamiento inmaduro de los protagonistas: la conversión en humano tiene que pasar por el estado de la niñez: esto queda patente en el primer encuentro entre Inue y Koichi, los cuales se pelean con ademanes ostentosos y revolcándose por la hierba hasta caer al agua, como si fueran críos.
En su parte final, la película nos demuestra el fracaso de ese intento de huir de lo que somos. Perseguido por un pasado que le busca para marcarle su futuro, Inue tendrá que enfrentarse a él enfundándose de nuevo su pesada armadura. Convertido en una máquina de matar, arrasará con todos sus adversarios. Esta parte se desmarca visualmente del estilo predominante hasta ese momento: lejos del naturalismo, el enfatismo se apodera de las imágenes, utilizando la cámara lenta para remarcar los movimientos del Panzer Cop. Las últimas imágenes de Inue nos remiten al comienzo del film: de nuevo, Inue con la armadura puesta pero sin el casco, como si quisiera mantener a la vez su humanidad y su instinto belicoso. Un final circular, literalmente, en el cual se deja de manifiesto la imposibilidad de escapar de nuestro verdadero Yo: la armadura de Inue siempre ha sido su verdadera piel, el resto es una máscara.
