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La Coctelera

PROYECTO ESTRAGOS

por INTELECTUALGORE

6 Noviembre 2005

LOS SIN NOMBRE

España, 1999. 98m. C.
D.: Jaume Balagueró
I.: Emma Vilarasau, Karra Elejalde, Tristán Ulloa, Toni Sevilla

Resulta evidente desde sus primeras imágenes que Los sin nombre se aparta, positivamente, en su formulación visual del cine de español de género. De entrada, el tomar como base una novela de Ramsey Cambell le sirve a Balagueró de coartada para realizar un acercamiento a los códigos estéticos del cine de terror americano. Ya en sus primeros minutos, con Karra Elejalde entrando en una fábrica abandonada, deja claro hacia quien mira Los sin nombre: ese escenario, inundado por el óxido e invadido por las sombras, en el que parece respirarse la presencia de lo maligno, hace gala de una aproximación post-industrial pareja a la de Seven. Pero no solamente en lo visual se muestra cercano Balagueró a David Fincher: la ciudad en la cual transcurren los hechos, es un escenario tenebroso y oscuro, poseído desde su interior por la presencia del Mal. No hay espacio para la luz: por ejempo, la vivienda de Bruno tiene echadas perpetuamente las persianas, como intentando impedir que entre cualquiere rastro de claridad que le hiriera en su alma inundada en las prenumbras. En el mundo creado por Balagueró parece que el Mal ya ha triunfado: sus habitantes se muestran aislados, incapaces de comunicarse entre ellos: su existencia se ve dictada por el recuerdo dejado por los que se han ido: así, su vida sólo tiene sentido con la convivencia con la muerte. Bruno y Claudia persiguen incansablemente las pistas de un fantasma, unico motor que les empuja a seguir moviendose, a investigar, como una exigua luz de esperanza la cual, irónicamente, surge de las mas insondables profundidades del Mal. En este mundo no hay espacio para el Bien, por tanto, sólo a través del ejercicio del Mal se puede aspirar a un estado espiritual superior: no es extraño que las estatuas religiosas lloren lágrimas de sangre.
Balagueró llena la trama de su primera película de elementos perturbadores: infantes secuestrados y violados, experimentos genéticos en campos de concentración, ocultas sectas esotéricas, el cadáver de una niña en avanzado estado de descomposición. Toda una galería de imágenes horribles, de alma perversa, que intenta dotar a la película de una atmósfera turbadora, asfixiante que pretende enfrentar al espectado con un universo angustioso, en el cual el Mal mueve las piezas a sus antojo, sabedor de su poder. Desgraciadamente, todos estos estimulantes elementos se quedan en el papel, sin llegar a manifestarse nunca en las imágenes que con tanto cuidado compone Balagueró. Los sin nombre, a pesar de sus notorios esfuerzos, nunca llega a dar miedo porque no es un generador del Mal, sino un mero reflejo. Balagueró crea un artefacto mimético que sigue la senda marcada por el cine de terror americano al que nos referíamos a comienzo: todo en Los sin nombre parece falso: los movimientos de los personajes, sus diálogos, los giros de la trama, etc. Los abundates golpes de efecto a base de imágenes distorsionadas, utilizando el montaje corto, y acompañadas de crispantes sonoridades industriales demuestran que ni el propio director se ve capacitado para mantener un atmósfera malsana, teniendo que recurrir a esos golpes de efecto para impactar a un espectador que se ve perdido siguiendo las investigaciones de los protagonistas en una trama confusa y mal construida.
Pero si durante la mayor parte de su metraje Balagueró consigue disfrazar las limitaciones de la película con una aparente puesta en escena, el precipitado final deja a las claras las insuficencias del producto: el director catalán desvirtúa y banaliza la fuerza del mal, reduciéndo la trama de la película a un puzzle en el que las piezas que lo conforman acaban rompiendose en el intento de su creador de hacerlas ensamblar en un molde en el que no encajan. Los sin nombre deja claro que posiblemente Jaume Balagueró crea en el mal, pero desde luego está lejos de entenderlo.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Genree

Genree dijo

Pues a mi me aterró.
Muy de acuerdo con lo dicho sobre la receta americana. Es verdad que recuerda al vigente juego fantasmal de la producción tipo Ring, La morada del miedo, etc...
Aún así, este cambio de sentido al que no nos tiene acostumbrado el fantástico español es lo que le da grácia a la película, creo yo. La atmósfera no es mala, pero sí se mantienen los tópicos. Con buena intención y suspense llega hasta un final algo raro, y como han dicho precipitado. Pero a mi el final me moló.

6 Noviembre 2005 | 11:59 PM

Intelectualgore

Intelectualgore dijo

¿Si esta película fuera americana se la trataría con tanta benevolencia? Seguro que no. El caso de "Los sin nombre" es igual al de "Tesis" (aunque el debut del "genio" Amenábar es bastante más mediocre): son películas que reproducen todos los defectos del cine americano, pero como son españolas le quitamos importancia a sus (abundantes) defectos y aplaudimos sus (escasos) valores. Y así nos va.
Un saludo.

11 Noviembre 2005 | 04:15 PM

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