LA PROFECÍA

(The Omen)
USA, 1976. 109m. C.
D.: Richard Donner
I.: Gregory Peck, Lee Remick, David Warner, Billie Whitelaw
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Por encima (en todos los sentidos) de secuelas y derivados, La profecía, dirigida por Richard Donner en 1976 y convertida en un clásico del cine de terror prácticamente desde su estreno, sigue siendo una película cuyo principal poder de sugerencia reside en su ambigüedad y en su calculado ritmo in crescendo.
La primera secuencia resulta reveladora: un político americano, futuro embajador en Inglaterra, acepta el ofrecimiento de un extraño sacerdote: un bebé que sustituya al suyo, muerto al poco de nacer. La secuencia tiene un tono oscuro, sombrío, casi tétrico. Tono que se rompe al final, cuando el padre le entrega el niño a su esposa, quien desconoce la verdad sobre éste. A partir de ese momento, La profecía se transforma en un drama familiar, con los padres primerizos adaptándose al, llamémosle, oficio de ser padres, de criar a un hijo, con las alegrías y sustos que conlleva. Como si la película compartiera el estado de ánimo de éstos, que desconocen la auténtica identidad de su hijo, y por tanto, son ignorantes de la presencia de lo diabólico, el film adquiere una atmósfera y ritmo alejado de los códigos del cine de terror al uso. Por ejemplo, todas las secuencias transcurren durante el día, con cielos abiertos y soleados. Incluso la presencia de lo sobrenatural no rompe este tono luminoso: la fiesta de cumpleaños de Damien, con el suicidio de la primera niñera, o la muerte del sacerdote que intenta avisar al padre, transcurren a la luz del día.
Cuando los protagonistas empiezan a investigar y la película adquiere un ritmo de thriller, la atmósfera se va enrareciendo. La llegada al monasterio donde está internado el extraño sacerdote de la primera escena se produce bajo un cielo encapotado y lloviendo. La siguiente escena, en el cementerio, será tangencial: ya caída la noche, los protagonistas llegan a un derruído cementerio, bañado en bruma y delimitado por una herrumbrosa verja: un cementerio que cumple los registros del cine de terror gótico. Al entrar en él, Donner realiza un plano con grúa levemente picado: los protagonistas, a punto de descubrir la verdad, son observados por una presencia superior, y diabólica. La misma presencia que ha estado planeando, flotando durante toda la película, observando el avance de los acontecimientos y actuando cuando éstos se interponían en sus planes: un poder maligno capaz de mover las piezas del destino, como si fueran engranajes de un complejo mecanismo cósmico para provocar violentas muertes a medio camino entre la concatenación de casualidades, el accidente y la obra artística.
En el momento en que los protagonistas, y con ellos el espectador, descubren que, en realidad, el hijo de uno de ellos es el Anticristo, la película ya no tiene que disimular más: a partir de ese momento, el resto de las secuencias transcurrirán de noche, como si el poder de Satán, Señor de las Sombras, se desplegará para defender a su vástago. Incluso una escena diurna como la que acontece en Megiddo transcurre en el interior de una ciudad enterrada. La omipresencia de Satán se delata en la secuencia de la muerte de uno de los protagonistas: ésta transcurre a plena luz del día, como si Satanás quisiera demostrar que no hay lugar seguro para los protagonistas humanos (de hecho, poco antes del mortal incidente, Donner vuelve a realizar un plano con grúa, pero esta vez totalmente picado: están siendo vigilados, cada vez de manera más atenta) y que, en definitiva, su odisea está condenada al fracaso, como así parece suceder al final.
Pero si en El exorcista se dejaba claro que la niña protagonista, Regan, realmente estaba poseída por el/un diablo (todo lo contrario que en la novela original de William Peter Blatty), La profecía juega en todo momento con la ambigüedad, especialmente en lo que respecta al joven Damien, de quien nunca se llega a saber del todo si es consciente de su personalidad y, por tanto, de sus actos. Por otro lado, la película también abre la puerta a la posibilidad de estar asistiendo a la demencia paranoica de un pobre hombre, superado por una serie de circunstancias extrañas, construidas a base de meras coincidencias, y externas (como una niñera psicópata), fácilmente manipulable, que busca una excusa para enmendar ese error que cometió al aceptar un trato horrendo, incapaz ya de mirar a los ojos a un ser que sabe que no es parte de él, sino alguien extraño: presa del miedo a lo Otro.

juan david ruiz dijo
megustaria conocer el nombre de la banda sonora del anticriso o la proecia y como sellama ese genero de musica el cual utilizan en las peliculas de terror que no he podido conocer su nombre, lo unico que hye podido conocer es el carminavurana, agradeceria su respuesta
22 Noviembre 2005 | 01:28 AM