(Last Days)
USA, 2005. 97m. C.
D.: Gus Van Sant
I.: Michael Pitt, Lukas Haas, Asia Argento, Scott Green

El comienzo de Last Days parece un remake individual de Gerry: una figura vagabundea por un paisaje boscoso, desorientada. Pero aquí no parece estar buscando un camino de salida de un paraje desconocido y hostil, sino estar en profunda conexión con el entorno que le rodea. Un plano resulta determinante: mientras Blake atraviesa una zona encharcada, empapado por la lluvia, un tren cruza el encuadre en segundo plano. Al contrario que los ¿dos? protagonistas del anterior film de Van Sant, Blake no se ha perdido. Se ha sumergido voluntariamente en la naturaleza, quizás buscando la soledad, o un regreso a la pureza primigenia.
Blake es y no es Kurt Cobain. Al igual que en Elephant, Gus Van Sant se acerca a un suceso real a través de un esquema de ficción. Esto le permite, de entrada, toda serie de libertades creativas, pero también el no dejarse encadenar por la fidelidad hacia unos hechos cuyo sentido está fuera de su alcance. Last Days se acoge a la misma estructura laberíntica, esquinada que Elephant. Los sucesos no son presentados en un orden cronológico, y algunas secuencias son mostradas desde varios puntos de vista. Con este esquema, Van Sant no pretende acercarse a un hecho desde un punto de vista múltiple para encontrar los motivos que lo dan lugar. En realidad, para Van Sant la realidad resulta tan compleja que se rebela a ser observada frontalmente, con una mirada directa. Por otro lado, parece querer desnudar a su film de cualquier nota sentimental o acercamiento dramático, despreciando la propia función narrativa del cine. La cámara no narra, sino que sólo muestra. Pero adopta una postura omnisciente, como si, al igual que el espectador, conociera el trágico destino del protagonista, de ahí que, en ocasiones, más que seguirle, parezca señalarle el camino.
La mirada de Van Sant es profundamente introspectiva y convierte a su protagonista en una abstracción. Blake actúa como si hubiese aceptado, y asumido, su destino desde el comienzo del film. Espiritualmente muerto, pero físicamente aún activo, se arrastra por los pasillos de una mansión apartada de todo y de todos: una zona donde el tiempo parece dilatarse y, en ocasiones, detenerse. Las tomas fijas y los planos secuencia, con su cadencia, imprimen gravedad a un ritmo lacio, donde cada pequeño acto, por insignificante que sea, adquiere un sentido especial. La presencia del resto de personajes que rodean a Blake sólo sirve para subrayar el aislamiento de éste, de ahí que, aunque compartan un mismo espacio, parezcan estar en universos diferentes.
Si Elephant podía verse (y entenderse) como la respuesta abstracta de Bowling for Columbine, con Last Days Van Sant parece realizar una respuesta surrealista de otro documental, ¿Quien mató a Kurt Cobain?, en el cual se indagaba en los hechos que rodearon el suicidio del cantante, realizando una desnortada búsqueda, para acabar aceptando el más banal de los resultados. Para Van Sant las causas son lo de menos. Pero las consecuencias tampoco parecen tener mucha importancia. Sólo importan esos pequeños momentos, esos aislados trozos de vida, en los cuales una vez sellado nuestro destino, todo adquiere, por primera vez, una claridad, una luminosidad, un sentido. Situados en una tierra de nadie espiritual-anímica, el sentarnos a tocar una canción con nuestra guitarra puede ser el acto más importante y trascendental de nuestra vida.