LOS RENEGADOS DEL DIABLO

(The Devil's Rejects)
USA, 2005. 109m. C.
D.: Rob Zombie
I.: Sid Haig, Bill Moseley, Sheri Moon Zombie, William Forsythe
Posiblemente, el que el debut en el cine de Rob Zombie se convirtiera en una de las mejores películas de su año fue uno de los acontecimientos más imprevisibles de la cosecha cinematográfica del 2003. La casa de los 1.000 cadáveres se presentaba como la auténtica La matanza de Texas del S.XXI. Un film realizado por un amante del género que no sólo sabía de memoria sus códigos, sino que, sorpresa, parecía entenderlos. No sabemos todavía a estas alturas si Los renegados del Diablo aventajará a sus compañeras cinematográficas de este año, pero lo que sí podemos afirmar, con muy escaso margen de error, es que Rob Zombie certifica su posición de auteur, un cineasta con una mirada muy personal del género de terror, pero también una voz propia para modificarlo, alterarlo a su gusto.
La secuencia pre-créditos resulta reveladora del tono de esta continuación: el asedio de la policía a la granja de la disfuncional familia presentada en el primer film está a medio camino entre Sam Peckinpah y Kathryn Bigelow: tiroteos y desierto, pólvora y huida. Aparentemente, Los renegados del Diablo abandona el género de terror para acercarse a un tipo de cine de acción, entre el western y la aventura (toda la película consiste en una huida contínua, al modo de La huida, del propio Peckinpah), un recorrido cuyo destino será, de nuevo, el terreno del horror más directo y sin concesiones, auténtico y puro. Aún así, las referencias no escasean, tan eclécticas que abarcan desde el cine de Robert Rodríguez al de los Hermanos Marx, pero, de nuevo, con una mirada especial a los aficionados al género: en este sentido, el reunir en un mismo plano a Ken Foree y a Michael Berryman es toda una declaración de principios.
Escudado tras el éxito de su opera prima, Zombie se muestra más libre en su segunda película, y esa libertad se traduce en un film mucho más sucio, sórdido y perverso. El sentido del grotesque y el grandguiñol de La casa de los 1.000 cadáveres es sustituido por una puesta en escena agresiva, nerviosa y violenta. Sin cadenas que le coarten su creatividad, Rob Zombie despliega todo un universo perverso, en el que el Mal parece un virus que flota en el aire, impregnando, contagiando a todo aquél que lo respira, es decir, a todo el mundo. Conceptos como bondad, pureza, solidaridad son peligrosos en este mundo, ya que son síntomas de una muerte segura. Para sobrevivir hay que ser despiadado, violento, sin sentimientos. No existe una línea que separe el Bien del Mal, porque este último la ha traspasado, apoderándose del todo: así, entre los renegados del Diablo y los enviados de Dios no existe más diferencia que la de sus nombres. En Los renegados del Diablo el torturador se convierte en torturado. La familia liderada por el Capitán Spaulding se verá diezmada por un representante de la Ley (y de Dios), por cuyas venas corre el mismo sadismo, la misma ira y obsesión que personifican el objeto de su venganza.
Pero Rob Zombie deja claro hacia quien dirige sus simpatías: transformar a los excéntricos y brutales seres sanguinarios de La casa de los 1.000 cadáveres en seres patéticos e indefensos, capaces de sentir miedo, dolor, capaces de llorar no es más que un camino para humanizarlos, para mostrarnos su parte humana, su parte frágil. Pero que nadie piense que las pretensiones de su creador es convertirlos en figuras simpáticas o humanas, monstruos con buen corazón. En absoluto. Esa parte frágil combinada, fusionada, con el lado oscuro los convierte en los anti-héroes populares del S.XXI, seres neo-metológicos, capaces de ser tan brutales y despiadados con el prójimo como tiernos entre ellos y cuya huida desesperada y absurda, edonista y nihilista a un tiempo, en su filosofía más amoral que inmoral, en definitiva, en su lúcido (por cerente de sentido) vivir-cada-día, sólo puede tener un final posible: épico, desesperado, brutal, es decir, el nacimiento de una leyenda.

sinsangre dijo
No he tenido la suerte de verla. En españa se estrena ahora en Noviembre.
Pero tengo en mente el puñetazo que me llevé en la mandíbula al visionar la casa de los mil cadáveres. Ese derroche de imaginación y de aire nuevo al submundo del terror. No apta para todos los gustos, pero muy apetecible después de lo desprestigiado que anda el género.
Ya comentaré cuando la vea.
25 Octubre 2005 | 05:32 AM