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La Coctelera

PROYECTO ESTRAGOS

por INTELECTUALGORE

21 Octubre 2005

BLUEBERRY, LA EXPERIENCIA SECRETA

(Blueberry. L'experience secréte)
Francia, 2004. 124m. C.
D.: Jan Kounen
I.: Vincent Cassel, Juliette Lewis, Michael Madsen, Temuera Morrison

De entrada, ningún admirador del cómic original creado por Jean-Michel Charlier (guionista) y Jean Giraud (dibujo) debería sentirse traicionado ante la aparente infidelidad de la película de Jean Kounen hacia el personaje que dice adaptar. Si nos fijamos en los créditos, la propia película, desde su mismo inicio, levanta y nos muestra sus cartas: "Póbremente basada", reza más o menos el rótulo. Pero hay un detalle aún más interesante: a lo largo de todo el film, el personaje interpretado por Vincent Cassel jamás es llamado por su apellido. Por tanto, nunca se llega a pronunciar el apellido "Blueberry", dirigiéndose a él como Mike, o "Nariz Rota", como le llaman la tribu Chiricahua. Es decir, que el film nunca nos asegura que su protagonista sea el teniente Blueberry.
Pero, si no se nos cuentan las peripecias cinematográficas del héroe del cómic, ¿qué es Blueberry. La experiencia secreta? Bien, pues la pretensión de su director es, ni más ni menos, que transportarnos hacia el otro mundo. Pero no piensen en una dimensión paralela a la nuestra. No. Sino a ese mundo que forma los andamios del nuestro: guiarnos a traves de la estructura de nuestro universo, penetrando en el interior de todas las cosas para leer el código que tienen escrito. Especialmente el de los seres humanos, quienes están unidos a la naturaleza, a la tierra. Al cosmos. Pero somos una pequeña mota perdida en la grandiosidad, inmensidad del Universo. Así, Kounen hace que su cámara vuele vertiginosamente, surcando el cielo, a través de desiertos, montañas, valles, ríos o cascadas, perdiendo de vista a los minúsculos personajes que los recorren.
Es lógico, por tanto, que Kounen esté más interesado en la indagación interior que en la observación del exterior. O lo que es lo mismo, más preocupado por el aspecto espiritual que en la narración. Es por ello que el espectador tiene la incómoda sensación de estar asistiendo a dos películas casi incompatibles, aquella que crea unos personajes y nos cuenta sus experiencias y la que bucea en el interior de esos personajes. La puesta en escena deja claro quien gana, al menos para Kounen: las escenas en las cuales el protagonista se enfrenta con sus demonios internos son, de lejos, lo mejor del film. Kounen despliega todo un derroche de delirio digital, sumergiendo al film en una atmósfera alucinada y alucinante, lisérgica y casi psicodélica. Toda una experiencia, casi única, que en su tramo final parece querer ser la respuesta digital al viaje (trip) final que transportaba al astronauta Bowman más allá de las estrellas en 2001: Una odisea del espacio. Mike, al igual que Bowman, al final de Blueberry. La experiencia secreta será un hombre nuevo, que ha conseguido dominar a su espíritu (y encarar a sus demonios) y que ha llegado a ver, aunque sea por un instante, los andamiajes del Universo. Es lógico que, tras tamaña experiencia espiritual, se libere a un ritual cárnico al final de su aventura interior.
Es una pena que, fascinado por el concepto del film, Kounen se despreocupe casi por completo por la forma, por el envoltorio. Blueberry. La experiencia secreta no es un western, sino una película fantástica que transcurre en el lejano y violento Oeste. La trama argumental resulta demasiado banal, construida a base de tópicos del género (el del western) y no parece preocuparse mucho por la construcción de sus personajes más allá de sus experiencias chamánicas. Kounen pretende insuflar energía y vigor a través de un trabajo visual efectista y espectacular, lleno de agresivos movimientos de cámara y travellings vertiginosos. No todos sus excesos funcionan y, en ocasiones, se tiene la impresión de que Kounen intenta dar un envoltorio atractivo para enganchar a su público y llevarle al terreno que le interesa de verdad: como ejemplo están los enfrentamientos entre los personajes: mientras las peleas físicas son mostradas a base de montaje corto y rápido, los enfrentamientos, llamésmolos, "interiores" parecen abrir una brecha en el ritmo, deteniéndolo en un estado contemplativo.
Kounen comienza el film mostrándonos un suceso trágico ocurrido en la juventud de Mike, el cual quedará encerrado (y aculto) en su interior. Éste trauma (casi freudiano) será el hilo argumental que utilice Kounen para llevar a su protagonista a un viaje al interior de sí mismo. Al final del mismo, Mike parece descubrir mucho más que el espectador, quien se encuentra con un trauma tan esquemático como superficial, y escasamente perturbador, lo cual acaba convirtiendo todo el espectáculo infográfico en simple exhibicionismo estético-técnico, tan enmudecedor visualmente como hueco en su interior; y convierte a Blueberry. La experiencia secreta en un film inevitablemente sugerente, pero decididamente fracasado.

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engelson

engelson dijo

Pedazo paquete peli, viaje de peyote...

21 Octubre 2005 | 02:38 PM

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