(Mother's Day)
USA, 1980. 90m. C.
D.: Charles Kaufman
I.: Nancy Hendrickson, Deborah Luce, Tiana Pierce, Holden McGuire

Una anciana decide recoger en su coche a una pareja de jóvenes de aspecto hippie y acercarles a su casa. Durante el viaje, el chico, sentado en el asiento de atrás, saca una cuerda y la tensa, con intención de estrangular a la inocente ancianita. Un par de minutos después, ese mismo joven está decapitado y su novia ha sido brutalmente violada y golpeada. Con este comienzo, los artífices de El día de la madre parecen querer jugar con los convencionalismos del cine de terror, para (intentar) darles la vuelta. No será la única vez que se juegue con las expectativas del espectador. A lo largo de la película se irán sucediendo una serie de golpes de efecto (más llegar a su casa, una de las protagonistas es atacada por un hombre que resultará ser su novio; al llegar al bosque al que han ido de acampada, entre las tres amigas se establece un encadenado de sustos: una de ellas aparece de repente con un cuchillo de mentira clavado en la espalda; otra se esconde entre los matorrales para saltar sobre su desprevenida compañera), efectos que, con todo, no carecen de significado: todas estas bromas y sorpresas giran alrededor del sexo violento y de la muerte, dos conceptos que las protagonistas se tomarán a risa hasta que se materialicen de forma tan real como descarnada.
A pesar de su título, El día de la madre no es un film protagonizado por adolescentes que serán masacrados por un psicópata durante la festividad de igual nombre, sino que sus referentes son La matanza de Texas y I spit on your grave. Por tanto, volvemos a contemplar una radiografía de la América profunda y rural como fábrica de pesadillas para el hombre urbano, un entorno tan hostil como primitivo, anclado en tradiciones y ritos desconocidos y brutales, aislado del mundanal ruido, casi otro universo (un dato importante: la adicción catódica de la familia rural, compuesta por una madre y sus dos atolondrados hijos, que convertirá sus vidas en una contínua representación de ficciones). Atacadas, torturadas y violadas, las tres protagonistas, acostumbradas (y resignadas) al demencial (pero, en el fondo, estéril) infierno urbano, despertarán su instinto de supervivencia al enfrentarse a un terror real y brutal. En el fondo, el ser humano está controlado por sus instintos más violentos, los cuales puden ser sedados en un entorno seguro, pero que se pondrán en alerta ante el peligro. La diferencia entre un salvaje cazurro de campo y un civilizado urbanita sólo la marca el afán de supervivencia.
Las películas de la Troma están sustentadas por las ideas, por el guión. Desde luego, no me refiero a que cuiden los argumentos o se preocupen de perfilar a los personajes. Más bien al contrario. Sino que la máxima preocupación de la productora de Lloyd Kaufman y Michael Herz es el tema y los elementos que lo componen, siendo la narración (proclive a la torpeza y la incoherencia) y la puesta en escena (siempre vulgar y descuidada)conceptos secundarios, de poco valor. Con todo, y debido a su argumento, El día de la madre resulta algo más oscura de lo habitual, con un uso de la violencia más sórdido y sucio (a destacar el impresionante plano de las palmas de las manos de la protagonista seccionadas por una cuerda o la castración con un martillo). El plano final, a medio camino entre lo mítico y lo fantástico, entre lo ridículo y lo psicotrónico, es, sin duda, otro gran punto a su favor.