RE-SONATOR

(From Beyond)
USA, 1986. 85m. C.
D.: Stuart Gordon
I.: Jeffrey Combs, Barbara Crampton, Ken Foree, Ted Sorel
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La fidelidad de Re-Sonator con el texto que dice adaptar, el relato Desde el más allá de H.P. Lovecraft, empieza y termina en la secuencia pre-créditos. Todo lo que viene después, el grueso del film, por tanto, supone una invención de los guionistas utilizando parte del material de la obra literaria original. De este modo, Re-Sonator más que una adaptación es una secuela de la obra de Lovecraft. Al igual que el capítulo de un serial, el prólogo supone un resumen del episodio anterior (Lovecraft) para a continuación, desarrollar las consecuencias del mismo. Pero, sobre todo, Re-Sonator es consecuencia del inmenso (y merecido) éxito de Re-Animator. Por tanto, no es extraño que el prólogo sea casi una variación del comienzo de aquélla (de nuevo, Combs se ve involucrado en un asesinato y, al final de la secuencia, será detenido por la policía) y que la primera escena tras los créditos nos sitúe en un hospital.
Con todo, esta segunda reunión de Stuart Gordon (director), Brian Yuzna (productor) y Dennis Paoli (guionista junto a los dos anteriores) difiere en el tono de su anterior trabajo en torno al maestro de Providence. Re-Sonator es un film más serio, alejado del tono de comedia del anterior film, para presentar una trama psudocientífica de claro sabor pulp y psicotrónico. El "Re-Sonator" es un artefacto eléctrico que estimula la glándula pineal, abriendo la mente de sus usuarios a una dimensión paralela en la cual el deseo, la pasión y el puro sexo son los sentidos dominantes. Las mentes se expanden y la conciencia se bifurca. El cuerpo, lo físico, no es más que una pastilla de arcilla moldeable. Una prisión en el entorno real, pero una vez traspasado el umbral de la represión, puede convertirse en un arma de generar/recibir placer. Así, tras las gafas, las faldas largas y abrigos amplios y asexuados puede esconderse carne de bondage y conciencia de dominatrix.
Desgraciadamente, tan sugerentes motivos argumentales no reciben el conveniente tratamiento en las imágenes. El trabajo visual de Gordon carece de la frescura, inventiva y dinamismo que imprimió a Re-Animator. El team enumerado al principio del párrafo anterior se ve incapaz de desarrollar el caudal de sugerencias que ha creado, conformándose en reducir la historia a un cansino repertorio de efectos de maquillaje, que se convierte en el único atractivo de la función. Unos efectos especiales que parecen comulgar con la Escuela de la Nueva Carne que hizo furor en los 80 (de hecho, las transformaciones del Dr. Pretorius recuerdan a las de La Cosa y el tramo final parece anunciar algunas ideas que Brian Yuzna plasmará en su debut como director, Society). Serán estos efectos los que darán al film sus imágenes más sugestivas y perdurables, que quedarán inmortalizadas en los sueños más húmedos del aficionado: la jugosa Barbara Crampton enfundada en fetichista cuero o ella misma manoseada y desnudada por una viscosa y lúbrica criatura (esta vez, con cabeza).
