(Ring)
Corea del Sur, 1999. 108m. C.
D.: Dong-bin Kim
I.: Eun-Kyung Shin, Seung-hyeon Lee, Jin-yeong Jeong, Chang-wan Kim

La naturaleza del remake tendría que tener su analogía en el remix musical. Es decir, la variación o remodelación de un mismo hecho, pasado por un filtro autoral. O lo que es lo mismo, partir de un mismo punto para llegar a un destino diferente. Por desgracia, por lo general, el remake suele asemejarse a un cover: la letra y la música son las mismas, sólo cambian sus intérpretes. La buena noticia es que este remake coreano del ya mítico El círculo de Hideo Nakata es un remix; la mala es que la remezcla se sostiene más por la composición original que por el trabajo del DJ.
Curiosamente, este The Ring Virus parece estar más dirigido a un grueso del público que no conozca la historia original. Al menos es lo que uno piensa al ver el prólogo. Al contrario que en el primer film (y también que en el remake americano La señal) lo protagoniza una joven sola en su casa, y no una pareja de chicas. Y mientras en las otras versiones el diálogo entre estas dos adolescente ya resumía el modus operandi de la maldición, aquí éste se mantiene en misterio durante gran parte de la película. La idea de que en los fotogramas del vídeo maldito (por cierto, mucho menos perturbador que el del film de Nakata e, incluso, que el de Verbinski) esté codificada la solución, la respuesta para la supervivencia de quienes lo han visto, pone en marcha un puzzle con las piezas ocultas que los protagonistas tendrán que encontrar (y ordenar). Por tanto, Dong-bin Kim (también guionista) prefiere dar protagonismo a la trama de investigación que al terror sobrenatural. Es por eso que los protagonistas son más escépticos y sobre sus hombros no cargan (o al menos no tanto) con el peso metafísico de una maldición tan ilógica, tan incomprensible para el hombre como implacable. Con todo, la comparación de la maldición con un virus dota a ésta de un envoltorio apocalíptico: al igual que un germen, se propaga, mutando y sobreviviendo, producto de una sociedad egoísta, hipócrita e incomunicada.
Ver The Ring Virus ayuda a poner en su sitio al film japonés que lo empezó todo: un film de sencilla exposición pero complejo andamiaje. La estructura de El círculo carecía de excesos o efectismos y, casi, de elementos terroríficos per se. En realidad, basaba todo su efecto en crear un atmósfera de angustia existencial, casi cósmica, a través de una puesta en escena calculadísima, en la cual cada plano, cada movimiento de cámara o cada encuadre tenían un significado, aportaban información. El principal problema de este remake coreano es que no da miedo. Y eso es debido al trabajo de planificación de su director: plano, gris y carente de fuerza o garra. Así, los protagonistas deambulan a la deriva en un espacio estéril y monótono, perdidos en un guión confuso y mal narrado. Con todo, no carece de momentos afortunados (el prólogo, éste sí, bastante inquietante; o el final, por más que suponga un calco del de Nakata) y se le reconoce el esfuerzo de cambiar/modificar el origen de la maldición. También destaca el plano final, fusilado del film original, pero con un apunte sombrío, que lo hace más pesimista.
Eso sí, lo que está claro es que el nombre Eun-suh resulta menos poderoso y retentivo que el de Sadako.