LA LAVADORA ASESINA

(Vortice mortale)
Italia-Francia, 1993. 90m. C
D.: Ruggero Deodato
I.: Philippe Caroit, Ilaria Borrelli, Kashia Figura, Barbara Ricci
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Aunque entre Trampa para un violador y La lavadora asesina han pasado trece años, podría perfectamente utilizar un sampler de aquella reseña para hacer que el léctor se haga una idea de lo que puede encontrarse al ver este film. Pero aun reconociendo mi debilidad por la vagancia, en honor de la verdad La lavadora asesina resulta un film puede que no más conseguido, pero sí más sugerente que aquél. A primera vista, Deodato ha utilizado la misma fórmula. Si en un principio el título puede hacer creer al aficionado que se encontrará con un film de electrodoméstico asesino a lo Stephen King, éste de nuevo se topará con un (sub)producto erótico formado por un cuadrado en el que tres hermanas, a cada cual más putón verbenero, jugarán (mental y sexualmente) con un detective guaperas un tanto perdido en un esquema de "thriller" que no es tal.
Lo más interesante radica en la estructura puramente esotérica del film. Esotérica no por contener elemento mágico o sobrenatural alguno, sino por estar sustentada sobre el vacío absoluto. Un laberinto de celos, cadáveres desaparecidos, pasión, sexo y manipulación tan ilógico, tan carente de sentido, con flash-backs desconcertantes y descubrimientos desopilantes, que sólo puede ser fantástico. Al igual que el detective, el espectador se siente desnortado intentando seguir una trama policíaca que parte de la nada y que no se sabe muy bien a donde se dirige. Para mantener la atención Deodato echa mano de sus rotundas actrices, cuyo físico continúa la tradicción de las "maggioratas" italianas, dignas de un film de Tinto Brass. Estos elementos dan buenos resultados e, incluso, alguna escena de mención, como la del museo: la pareja protagonista da rienda suelta a su pasión rodeados de unos excursionistas ciegos, amparados en la intimidad que les procura el no poder ser vistos por éstos.
Hablar de esoterismo y de cine italiano es hablar de Dario Argento. Y no es gratuito hacerlo, ya que la sombra del genio italiano planea por el film en numerosos detalles: de entrada el triangulo de las tres hermanas, que habitan en un caserón lleno de sombras y cuya relación de dependencia es un misterio, recuerda inevitablemente a las Tres Madres de su famoso díptico; cada una de ellas toca un instrumento, lo cual retrotae a los héroes artistas de Argento; y la utilización de la música clásica hace pensar en algunas escenas de Inferno. Por otro lado, la participación de una hermosa chica ciega trae a la mente del aficionado a Lucio Fulci y, especialmente, a la invidente de El más allá.
Como reconociendo estos modelos, Deodato acaba llevando el film al terreno de lo fantástico con un culto de raices mitológicas vagamente matriarcales, cuyos ritos pasan por el asesinato y el canibalismo. Finalmente, el director parece conformarse con dar un golpe de gracia final en forma de broma de humor negro misógino echando mano del icono de la femme fatale, pero elevado al cubo.

pablito dijo
Bueno, al menos están las "maggioratas" italianas. ¡Qué buenas están las palomitas en este tipo de pelis!
25 Septiembre 2005 | 01:08 PM