(Day of the Dead)
USA, 1985. 102m. C.
D.: George A. Romero
I.: Lori Cardille, Terry Alexander, Joseph Pilato, Jarlath Conroy

Cuando se estrena la tercera entrega de la (hasta hace poco) llamada trilogía zombie de Romero el panorama cinematográfico que la rodea es muy diferente que en las entregas anteriores. Ya no se crea (aunque no de la nada) un arquetipo como en La noche de los muertos vivientes; ni se construye un género y unos estilemas concretos alrededor de él, como ocurría con Zombi. De hecho, se puede decir que estos estilemas son ya tan reconocibles y han sido tan sobreutilizados que se ha caido en la parodia (la coetánea El regreso de los muertos vivientes) o en nuevas mixturas genéricas (Posesión Infernal). Incluso el zombie ha hecho las maletas y ha viajado a otros rincones donde ha mutado (Nueva York bajo el terror de los zombies) y de los que volverá cambiado para siempre. Es en este panorama cuando Romero decide dejar claro que él tiene la última palabra sobre el género.
El día de los muertos no es tanto un film de ficción como un ensayo fílmico sobre la propia trilogía. En él Romero reflexiona sobre el icono que ha creado y que, inevitablemente, se le ha escapado de las manos. Al igual que el Dr. Logan, disecciona al zombie, retira todo lo accesorio, lo epidérmico, y se introduce con valentía en el interior para descubrir que posiblemente sea más fácil educar a un zombie que civilizar a la raza humana. Todos los representantes "vivos" son arquetipos y la acción es descaradamente alegórica. Al contrario que sus precedentes, Romero no camufla su discurso social con un disfraz comercial (ya sea el cine de terror o el de acción) sino que lo pone en primer plano. Es como si a estas alturas Romero pareciera darse cuenta que todo está ya perdido. Les ha dado demasiadas oportunidades a sus héroes y ya es tarde. El mundo es de los muertos y los escasos supervivientes se encierran en una ratonera para escenificar una irrisoria imitación de la vida.
A pesar de la oscuridad que cubre todo el film y un discurso nihilista acerca de la condición humana (la convivencia de varios especímenes humanos, aún en una situación límite, desemboca en violencia, dominación y fascismo) El día de los muertos es la entrega más esperanzadora (que no optimista). Presente de nuevo el esquema del grupo refugiado en un entorno claustrofóbico, por una vez un personaje adquiere protagonismo y es a través de sus ojos que vemos la acción, compartiendo sus miedos, sus angustias, pero también su tesón y esfuerzos por aportar algo de razón a una situación ilógica y por encontrar una solución. Al final de su viaje, Romero parece encontrar la posibilidad de que los seres humanos puedan unir sus fuerzas, olvidar sus egoismos y luchar juntos.
Una pequeña fuente de luz en un panorama aterrador. Nada puede detener a los zombies y cada mordisco, cada miembro arrancado y cada víscera engullida supone una constatación más de que el ser humano está condenado a su extinción, producida por lo único capaz de acabar con él: toda su maldad, todo su egoismo, toda su estupidez, en resumen, el lado más oscuro de su conciencia que, al fín, ha adquirido forma física.