ESPECIAL PLANETA MIIKE 05: AGITATOR

(Araburu tamashii-tachi)
Japón, 2001. 150m. C.
D.: Takashi Miike
I.: Masaya Kato, Hiroki Matsukata, Ryôsuke Miki, Naoto Takenaka
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A pesar de las apariencias, ni Dead or Alive ni Ichi the Killer pertenecían al género del "Yakuza Eiga" sino que lo utilizaban como un lienzo sobre el que pintar abstractos y caóticos cuadros cuyo punto de fuga era el mestizaje genérico. Es posible que a muchos fans de estos dos films Agitator les resulte una pintura difícil de contemplar y disfrutar.
Takashi Miike se muestra aquí como un pintor contenido, aparcando su tendencia al exceso o al delirio y retratando de manera tan metódica como implacable el desarrollo de una guerra yakuza. Con ritmo pausado, en ocasiones desafiantemente moroso, va colocando las piezas en un laberinto de hermandades, bandas y familias que, sin duda, causarán confusión en un público que se acerca con mirada voyeur a un mundo apartado del mundanal ruido, regido por normas y códigos que a estas alturas nos son ya familiares pero que, aún así, seguimos sin entender. Miike construye el film a base de planos secuencias, colocando la cámara fuera de las habitaciones o a unos metros por detrás de los protagonistas, manteniendo las distancias con un entorno que no le es muy lejano, pero al que no pertenece. Pero no crea el espectador que ese distanciamiento hace de Agitator un film impersonal. Es precisamente ese posicionamiento de observador el que le permite a su director comentar, puntear cada acción. Así, el film va acumulando en su interior una fuerza producida por la tensión de los encuadres que acaba irrumpiendo en frontales y secos estallidos de violencia, en los que el exhibicionismo sanguinoliento es sustituido por la pirotecnia emocional. Con todo, Miike no dejará de imponer su firma a través de guiños sádico-escatológicos como la brutal sodomización a la que él mismo somete a una pobre chica con un micrófono de karaoke.
En cierto modo, Agitator puede considerarse como un precedente colectivo de Cementerio Yakuza que dirigirá al año siguiente. Si en el remake del film de Kinji Fukasaku nos presentará a un desnortado yakuza quien, a través de un descenso a los infienos marcado por la psicopatía, pondrá en jaque a todo el entorno yakuza de su alrededor, aquí será todo un grupo el que se rebele contra el orden establecido del mundo al que pertenecen. Un orden casi burocrático, en el que las conspiraciones y los engaños entierran el honor. El grupo capitaneado por el impulsivo Kenzaki representarán la violencia pero también el valor y la fidelidad a un código ético a la vez que profesional.
La odisea finalmente suicida de Kenzaki estará regida por su relación con su jefe, de tintes homosexuales. Este acercamiento de carácter filogay aisla aún más al protagonista y le sirve a Miike, de nuevo, para demostrar que en un mundo corrupto e hipócrita el amor puede llegar a ser la mayor fuente de energía (y de destrucción) de la que dispone el hombre.

engelson dijo
Esta tiene mejor pinta que la anterior, me la apunto (que manía con hacer pupita a las mujeres). No sabía ni que existia.
21 Septiembre 2005 | 08:09 PM