(Night of the Living Dead)
USA, 1968. 96m. B&N
D.: George A. Romero
I.: Duane Jones, Judith O'Dea, Karl Hardman, Marilyn Eastman

¿Es posible que el zombie sea el nuevo estadio evolutivo del ser humano? ¿Acaso lo que nosotros entendemos como vida no es más que un mero trayecto en el que nos encargamos de recopilar información para, después del proceso (en este caso, iniciático) de morir, resucitar y reciclar dicha información en hábitos traducidos en movimientos mecánicos? Si fuera así, está claro que para que la nueva especie se desarrolle hay que acabar con la antigua (y aún reinante). La noche de los muertos vivientes parece plantear estos interrogantes y, sobre todo, pone énfasis en una estructura clave del ser humano: la familia. Para Romero, la familia simboliza la unión del ser humano, su capacidad de creación y de supervivencia, pero también un entorno frágil en el que hay cabida la fricción y la ruptura.
El justamente célebre comienzo de este revolucionario y mítico film parece establecer estas cuestiones. Barbra y Johnny son hermanos y se dirigen a visitar la tumba de su padre. La aparición de un extraño ser rompera el vínculo entre los dos al matar a Johnny. Barbra, presa del pánico, se refugiará en una casa aislada en el campo donde también se han refugiado otros supervivientes. Éstos, unidos, formaran una familia simbólica que se enfrentará a otra familia, la de los muertos revividos.
Lo muertos vivientes crecen exponencialmente a medida que va menguando los vivos. Se alimentan de su carne, quizás para devorar tanto su presencia física como alimentarse de su espíritu, de su significado. Son la masa, todos unidos en pos de un único objetivo. Sin detenerse. Sin dudar. Sin reyertas. La falta de sentimientos y la ausencia del miedo es, posiblemente, lo más escalofriante de estas criaturas sin conflictos morales.
Mientras, el grupo de los vivos se tambalea, incapaces de la más mínima solidaridad entre ellos, presos tanto de sus miedos como de sus egos, incapaces de reconocer que se enfrentan a una copia de sí mismos de la que se ha extirpado cualquier atisbo de humanidad.
Johnny vuelve a por su hermana y ésta pasa a formar parte de la nueva avanzadilla darwiniana. Y sigue creciendo. El cáncer se incuba dentro del grupo acosado con unos padres cuya carne será sacrificada por una criatura de su propia sangre. La familia rota, al fin.
Si, para dominar el mundo, los zombies tienen que acabar con los seres humanos vivos, no lo van a tener muy difícil: nosotros mismos les facilitaremos el trabajo. El amanecer, con sus primeros rayos de luz, aniquila la última esperanza del hombre.