TRAMPA PARA UN VIOLADOR

(La Casa sperduta nel parco)
Italia, 1980. 91m. C.
D.: Ruggero Deodato
I.: David A. Hess, Annie Belle, Christian Borromeo, Giovanni Lombardo Radice
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La secuencia pre-créditos de esta película dirigida por Ruggero Deodato un año después de haber legado al cinema mondo su obra cumbre (la escandalosa Holocausto Caníbal) parece preparar al espectador para asistir a las hazañas de un violador y asesino en la ciudad de Nueva York. En realidad, Trampa para un violador no es más que una "sexploitation" italiana más, en la cual el trasfondo violento y sangriento de la historia no es más que una capa de sensacionalismo más para lo que en realidad es un subproducto erótico.
Casi un precedente "soft" de La cena de los idiotas con un grupo de pijos que invitan a dos pobres diablos, de aspecto tan macarra como hortera, para jugar con ellos a un juego de la humillación (de clase y sexual). Los problemas comienzan cuando, además de idiotas, resultan ser psicópatas sexuales. La participación de David Hess como el delincuente sediento de carne y sangre a partes desiguales (recordemosle como el brutal Krug de la seminal La última casa a la izquierda) parece ofrecer un guiño a los amantes del cine de terror más gráfico y exhibicionista, pero Deodato está más atento a meter a sus chicas en la ducha y desnudarlas a manos de los dos delincuentes que en crear una atmósfera de suspense u opresión, o desarrollar la relación entre las víctimas y sus opresores (haciendole auténtico asco a la más básica verosimilitud: los hombres y mujeres atrapados tienen varias oportunidades de escapar...pero, por supuesto, no las aprovechan).
Trampa para un violador no ofrece asideros para el espectador. Si, naturalmente, éste sentirá repulsión por los violadores, el diezmado grupo de pijos no puede despertar tampoco sus simpatías, con su postura de arrogante superioridad ante esos tristes palurdos. La aparición hacia el final de una joven virginal, posiblemente el único personaje inocente de la película, propiciará la mejor escena (o mejor dicho, la única buena): dos secuencias de sexo paralelas: en una de ellas, una de las víctimas, en un burdo uso del síndrome de Estocolmo, se acuesta con consentimiento con uno de los macarras, mientras, a la vez, el otro acosa a la desconsolada muchacha. Deodato, en una secuencia, demuestra la naturaleza cínica del grupo de burgueses, no muy alejados, en el fondo, de sus opresores (es de justicia decir que el gran potencial de esta secuencia es debido a la hermosa y delicada nana de Riz Ortolani cuyo talento, al igual que en Holocausto caníbal,está por encima del propio producto).
En su última parte La Casa sperduta nel parco se saca de la manga un giro final que pretende dar cierta coherencia al conjunto, pero que, en realidad, resulta tan inverosímil y psicotrónico que redime, en parte, a este disparatado subproducto. Sólo a ojos, eso sí, del más encallecido seguidor de italianadas.

engelson dijo
Tienes la virtud, intelectualgore, de presentar algún que otro marrón de forma tan amena que dan ganas de verlo.
Me salgo del tema para decir que te veo en portada, en la sección "Historias". Y bien merecido a fe mía.
13 Septiembre 2005 | 05:15 PM