(Le Notti del terrore)
Italia, 1980. 85m. C.
D.: Andrea Bianchi
I.: Karin Well, Gianluigi Chirizzi, Simone Mattioli, Antonella Antinori

1. Que una película sea mala no significa que no pueda ser divertida, o disfrutable. La ortodoxia cinéfila nos presenta todo en blanco o negro, sin posibles mixturas entre los extremos y, por supuesto, dejando muy clara la posición de cada uno de ellos. Esta ortodoxia no puede comprender que, quizás, en la oscuridad nos sentimos mejor. En este sentido, el cine de terror más extremo (el gore, la psicotronía, lo "Trash") cumple un papel muy importante, ya que pide del espectador un entendimiento y una complicidad inexistente en otros géneros más "mainstream".
2. Desde luego, ningún espectador de Masacre Zombie diría que es una buena película: el guión es del todo inexistente, una excusa para encerrar a un grupo de personas en una mansión aislada (del que nunca sabremos nada, ni siquiera la razón de su presencia en el lugar) pronto acosados por unos zombies mugrientos y en claro avanzado estado de descomposición (por cierto, película para impacientes: a los cinco minutos hacen su irrupción los zombies -sin ninguna explicación al respecto-.). Y la realización de Andrea Bianchi (la película ha sido atribuida en ocasiones a Lucio Fulci) no pasaría ningún examen en la escuela de cine más modesta. Pero es esta aceptación e, incluso, regodeo hedonista en las carencias lo que hace que, a partir de un elemento casi mágico e incomprensible racionalmente, sublime los defectos (desarrollo absurdo e incoherente, descontextualizaciones espacio-temporales, torpeza narrativa, sonrojantes errores de raccord) para llevarnos a un peculiar terreno cinematográfico desconocido para el cinéfilo clásico pero incalculadamente estimulante para el cinéfago más inquieto (sin olvidarse del aficionado más salvaje: no lo duden, ésta es una pieza de gore mayor).
3. Hace unos años, viví una experiencia curiosa viendo Jason X en el cine. Ya en la calle, llegué a una conclusión: había películas que hacía necesario realizar un examen de ingreso al espectador en la entrada del cine, para comprobar que reunía los requisitos necesarios para ver el film, poder comprenderlo y llegar a quererlo, más allá de sus valores cinematográficos mas estrictos. Ver Masacre Zombie ha reafirmado esa reflexión.