
España, 2003. 79m. C.
D.: Pedro Temboury
I.: Jesús Franco, Curro Cruz, Sonia Okomo, Paul Lapidus
Si la calidad de una película se midiera por el entusiasmo que se pone en ella, Kárate a muerte en Torremolinos sería una obra maestra. Y es de este modo como hay que ver, y apreciar, el debut del joven Pedro Temboury: no por los resultados, sino por la convicción y entusiasmo que se ha puesto en la confección de cada uno de sus planos.
Mas que una película, Kárate a muerte en Torremolinos es un auténtico diario sentimental de su autor. Y sí, he dicho autor. Porque si algo hay de especial en este divertidisimo film es la mirada de su director: todo un catálogo de las obsesiones de un cinéfago obcecado, un paseo por un cine abisal que, ante todo, pide la complicidad del espectador (donde cabe desde el cine de ninjas al de zombies, los científicos locos, el esoterismo, el gore e, incluso, el cine de surfistas) y, sobre todo, una reflexión/admiración sobre el cine de Jesús Franco, cuyo certificado de autenticidad es la presencia del veterano y maldito director.
Así, con estas piezas, Temboury realiza un proceso alquímico (sencillo en su exposición, pero complejo en su andamiaje) cuya base es un indomable e insobornable espíritu adolescente, que consigue transmutar la simple gamberrada oxidada en dorado (deslumbrante) talento.
Insobornable...y transgresor. Porque en una industria cinematográfica como la española, caracterizada por el logro fácil y la asumida posición de no correr riegos, Kárate a muerte en Torremolinos, con sus surfistas católicos, sus monjas karatecas, sus expertos en esoterismo armados con nostálgicos gadgets y su desopilante criatura lovecaftiana, mantiene un equilibrio entre lo sublime y lo ridículo que deja en evidencia los adocenados "logros" de nuestro cine español.

Escribe un comentario