(Pisutoru Opera)
Japón, 2001. 112m. C.
D.: Seijun Suzuki
I.: Makiko Esumi, Sayoko Yamaguchi, Hanae Kan, Masatoshi Nagase

Este film es todo un reto para el espectador, quien, apabullado por la arrolladora inventiva visual de Seijun Suzuki puede llegar a la conclusión que no hay nada más allá de las bellas imágenes que se despliegan ante sus ojos como un torrente. Y posiblemente no lo halla pero es que en Pistol Opera la forma lo supone todo, dictando el argumento (y no al revés, como es habitual).
Suzuki crea plásticamente un universo propio en el cual cualquier licencia dramática es admitida. A medio camino entre el surrealismo y lo abstracto, el thriller y el cine fantástico, con una factura visual empapada de kitch y camp y un desarrollo tan tendente a lo onírico como desatado en el delirio.
Los personajes, autoconscientes de sus condiciones de arquetipos integrados en un contexto de fantasía, se comportan como auténticos tablaux vivantes ante una escenografía policromada que le debe tanto al teatro japonés como a un esteticismo pop.
Pistol Opera, con su mezcla de tradición y modernidad, gira exclusivamente alrededor de la magnética presencia de Makiko Esumi, una asesina profesional quien se enfrenta con un misterioso compañero que está aniquilando a todo el Gremio de asesinos, quien vivirá un desarrollo de crecimiento-confirmación tanto a nivel sexual como metafísico y existencial.
Sin duda inclasificable e irregular pero loable y única por su atrevimiento formar/conceptual y poder fascinador.